La amenaza constante de los Huracanes

Los huracanes o ciclones son impredecibles, existen sin embargo diversos factores que influyen en la aparición de ellos, desde los fenómenos meteorológicos, hasta las regiones en las que se originan. Hay que tener cuidado y estar atento a los pronósticos, en todo caso, la prevención no esta de más y observar unas sencillas prácticas puede salvar muchas vidas.

En los últimos tiempos tuvimos noticias de la  tormenta tropical conocida como “Edouard”, en las costas de Texas (EE.UU.) la cual, como bien sabemos causo lluvias torrenciales y vientos cercanos a los 100 kilómetros por hora, causando acumulaciones de agua de hasta 3 centímetros en las zonas costeras de Louisiana y hasta 25 cm. en partes del sudeste de Texas.

Lo anterior podría tomarse como algo común o un simple reporte del estado del tiempo en ese estado de EEUU; sin embargo, si tenemos en cuenta las devastadoras consecuencias del huracán Katrina (que dejó los estados de Luisiana y Misisipí como zonas catastróficas y destruyó Nueva Orleáns) la perspectiva respecto a las tormentas tropicales cambia por completo, en especial si tenemos en cuenta que según un estudio científico, dichos fenómenos se han incrementado en más de un 100% durante el último siglo. La razón es muy sencilla, los aumentos coinciden con el incremento de la temperatura en la superficie del mar, provocada principalmente por el calentamiento global.

Si bien las causas de los huracanes son variadas, existen diversos factores que influyen en la aparición de ellos, desde los fenómenos meteorológicos, hasta las regiones en las que se originan. Cada vez más estudios apuntan a que su incremento está estrechamente relacionado a las temperaturas provocadas por el calentamiento global.

Sólo en el Atlántico, se forma aproximadamente el doble de huracanes que hace un siglo. Cifras estadísticas del National Hurricane Center señalan que entre 1900 y 1930 se registraba un promedio anual de seis ciclones tropicales, de los cuales cuatro fueron huracanes y dos tormentas. Para 1930 y 1940, el promedio anual se incrementó a 10 ciclones tropicales: cinco huracanes y el resto tormentas tropicales. El número se incrementó notablemente en el periodo 1995 y 2005, donde aumentó a 15 ciclones tropicales, de los cuales ocho fueron huracanes y siete tormentas tropicales. Estos datos contrastan con el ascenso en más de 0.7 grados centígrados en la temperatura media de la superficie marina del Atlántico norte.

Cabe preguntarnos entonces ¿Se trata de una coincidencia? Podría pensarse que sí, pero si tenemos en cuenta que hay especialistas que señalan que las temperaturas marinas son un factor sumamente importante para determinar si se forma una tormenta tropical o un huracán de mayor alcance, la perspectiva cambia notoriamente.

En plena temporada

Usualmente, el primero de junio abre la temporada de tormentas tropicales que concluye el 30 de noviembre. Las dos primeras fueron bautizadas como “Arthur” y “Bertha”. Tras ellas, los meteorólogos vaticinan que la temporada de este año tendrá más actividad de lo normal, con la formación de entre seis y nueve huracanes y de 12 a 16 tormentas tropicales. Es decir, más números que podrían pasar desapercibidos en el verano europeo, pero que se convierten en una pequeña nube gris si tenemos en cuenta que en el año 2007, sólo unas 200 personas murieron durante el paso de huracanes sobre las costas del Caribe y América Central.

Huracán Katrina visto desde la Estación Espacial Internacional – imagen obtenida de Wikipedia, foto tomada por un astraunata y obtenida por la enciclopedia desde el archivo del Johnson Space Center de la NASA.

Cuando llegue la tormenta

Hay una serie de lineamientos básicos para mantenerse a salvo durante una emergencia de este tipo, los cuales enunciamos a continuación:

1. Lo principal, es mantener la calma.

2. Aléjese de lugares bajos o cercanos a ríos, quebradas, etc.

3. Permanezca en su casa sólo si es de construcción sólida y está situada en un terreno alto.

4. Desconecte la energía eléctrica y las entradas de gas a su casa.

5. Compre baterías y encienda un radio para escuchar los boletines de emergencias.

6. Mantenga un suministro de agua para varios días y no beba el agua de la llave.

7. Manténgase alejado de puertas y ventanas y protéjalas con tablones, contraventanas o cinta adhesiva.

8. Retire los objetos que tenga en el exterior o llévelos al interior de la casa y ancle aquellos elementos que no pueda pasar al interior.

Cuando todo haya pasado

Si su casa no ha sufrido daños, permanezca en esta y coopere con la limpieza de su comunidad, tomando las siguientes precauciones:

1. Beba agua potable que previamente ha almacenado o purificado.

2. Use los teléfonos sólo en casos de emergencia.

3. Revise las tuberías de desagüe de la casa y limpie el agua estancada para evitar mosquitos.

4. Cuídese de los alambres eléctricos en el suelo y no use el gas hasta que este seguro de las conexiones.

Consecuencia del paso de Katrina – imagen obtenida de Wikipedia, subida a la enciclopedia por Tom.

Y es que todo pasa

No queda duda que es sumamente difícil lidiar con un fenómeno de este tipo. Aún hoy, continúa en los Estados Unidos un intenso debate por lo que se pudo hacer y no se hizo tras el paso de huracán Katrina. Miles de personas quedaron atrapadas sin alimentos, agua potable, o luz, contemplando sus hogares destruidos y muy lejos de saber que la tasa de mortandad subía a cada hora. Pese a que se trataba de una nación autodenominada la más poderosa del mundo, mucha gente murió de hambre y por la falta de ayuda médica oportuna. Otros, implemente se encontraron en el dilema de vivir o dejar morir. Es decir, los más débiles llevaron la peor parte. El pillaje fue cosa común.

Lo mismo se repite en mayo o menor escala en cada lugar asolado por una desgracia de este tipo. Imagina una situación como esa. No hay alimentos, no hay viviendas, no hay electricidad. No hay ayuda. Te encuentras frente a un panorama desolador y esa realidad te parece un sueño extraño. Pero no es un sueño, estás de pie en medio de todo eso y no sabes que hacer. Acabas de perderlo todo y no hay sirenas ni luces que te digan que la ayuda está por llegar. Escuchas a lo lejos que los hospitales no se dan abasto para recibir gente. Tal vez estés herido. Tal vez lo esté un familiar tuyo. Tal vez saliste ileso y no sabes a dónde ir o que hacer.

A todo esto ¿Qué hacer? ¿Sabías que hacer? Tal vez alguien te lo dijo en algún momento, pero ya lo olvidaste o tal vez no le prestaste atención. Total se trata del verano, las vacaciones y nadie piensa en desgracias o precauciones cuanto está de vacaciones. ¿No es verdad?

Créditos:

Imagen 1: Huracán Isabel – imagen obtenida de Wikipedia, autor: Jacques Descloitres, MODIS Rapid Response Team, NASA/GSFC

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