Suecia demuestra que el crecimiento económico es posible con menos emisiones

En Estocolmo 40 familias más han participado en un estudio promovido por el municipio de la capital sueca para evaluar lo que se denomina huella ecológica. Durante tres meses apuntaron todo lo que compraban, cuántos kilómetros hacían en coche, qué alimentos tomaban y de dónde procedían, etc., para cuantificar las emisiones de dióxido de carbono. La campaña incluía visitas con recomendaciones para reducirlas. El objetivo es que dentro de dos años disminuyan un 10% sus emisiones.

Los suecos nos enseñan que crecimiento económico no está reñido con sostenibilidad

Los participantes creen que esta campaña es importante porque se refiere al futuro de sus generaciones y los que no lo respetan están derrochando el medio ambiente. Suecia es un ejemplo a seguir, ya que se encuentra entre los países europeos que emiten menos CO2. Pero no se conforma con lo que ha logrado hasta ahora y plantea objetivos más ambiciosos. Una de sus herramientas es el impuesto sobre el carbono, que proporciona cada año al Estado 15.000 millones de coronas, es decir, 1.400 millones de euros.

El impuesto no perjudica la competitividad. Las emisiones se han reducido un 9% y la economía ha crecido un 48%. Una de las claves puede ser que las empresas tienen una reducción del impuesto respecto a lo que pagan los hogares.

Junto a los instrumentos financieros, Suecia apuesta firmemente por energías alternativas. En Linköping, a 200 kilómetros al sur de Estocolmo, hay una de las plantas de biogás más grandes de Europa. Cada día llegan camiones que llevan desechos orgánicos, procedentes sobre todo de la industria alimentaria. Cuando se descomponen, producen biogás, que se utiliza en vehículos a motor. Muchos automóviles lo utilizan, pero uno de los grandes consumidores es el mismo municipio, donde hay 70 autobuses que funcionan con este combustible. Cuando el precio del petróleo sube el precio del combustible para los autobuses baja rápidamente. Por eso es una inversión de futuro en medio ambiente y es un incentivo financiero, porque permite ahorrar dinero cuando se invierte en biogás.

En Suecia no se gasta tanto en aire acondicionado como en el sur de Europa. Pero, aún así, han creado sistemas de bajo coste energético, como este de Estocolmo, que utiliza agua del mar. En verano está bastante fría para haciéndola circular alimente un sistema de refrigeración para edificios de oficinas. La inversión inicial es un poco más elevada que la de los aparatos convencionales, pero luego se ahorra dinero y evita el consumo de electricidad.

Suecia mantiene una política contra el cambio climático que puede ser un ejemplo de cómo reducir las emisiones sin perjudicar el bienestar ni el crecimiento económico.

Foto: chronixsthlm

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