Los mayas influyeron en la genética de las tortugas

Al tratar de secuenciar el ADN de una rara especie de tortugas de agua dulce, los investigadores encontraron que ciertas poblaciones geográficamente aisladas entre sí parecían estar en contacto. ¿Superpoderes de las tortugas? Probablemente no, y la clave debe buscarse en la civilización maya…

Tal y como observó Darwin en las Islas Galápagos, las poblaciones de la misma especie, aisladas geográficamente, tienen un evolución genética distinta. Difieren poco a poco – se dice que son diferentes – hasta formar dos nuevas especies. Las tortugas de la especie Dermatemys mawii, en peligro de extinción, viven en las cuencas hidrográficas de algunas zonas muy aisladas en el sur de México, Belice y Guatemala.

Como parte de un estudio sobre la herencia genética de estas poblaciones, se tomaron muestras de doscientos treinta y ocho ejemplares de quince diferentes regiones. Pero el equipo de biólogos del Smithsonian no encontró diferencias genéticas que dieran pistas sobre su distancia geográfica. En cambio, surgían coherencias sorprendentes, que implican el contacto entre ejemplares de distintas zonas. Un contacto lo suficientemente cercano y prolongado como para mezclar sus genes…

¿Tortugas con superpoderes?

Las tortugas Dermatemys son estrictamente acuáticas, no pueden cruzar las montañas ni salvar las grandes distancias que las separan de sus hermanas. Al principio, perplejos, los investigadores rediseñaron el problema teniendo en cuenta la historia de la región. Durante milenios, los hombres han vivido en la zona. Entre los más conocidos, los mayas, quienes desarrollaron una poderosa civilización en el siglo XVI. En aquellos días, sin neveras, la tortuga, capaz de sobrevivir muy bien fuera del agua, se consideró como alimento y como un buen lugar en el que guardar cosas.

Dócil y resistente a los rigores de tlransporte debido a su caparazón, también puede ser transportado a largas distancias. La evidencia arqueológica como la concha encontrada en Teotihuacan también muestra que fueron utilizadas en ceremonias religiosas. ¡Un negocio en auge!

Almacenadas en estanques artificiales, podían ser recuperadas fácilmente (una práctica aún prevalente), algunos animales fueron capaces de escapar probablemente con algunas inundaciones. Luego volvieron a juguetear con sus compañeros, con lo que mezclaron su sangre con la de las poblaciones de adopción, interrumpiendo el reloj molecular de la investigación actual.

Una tortuga Dermatemys mawii examinada por los investigadores del Instituto Smithsonian. Con pequeñas muestras de tejido, es posible trabajar sobre el ADN de estas animales y comparar diferentes poblaciones de la misma especie. © Gracia-González-Porter

Hoy en día, estos reptiles son todavía cazados y comidos, siendo una especie muy amenazada, y su carne se vende a precios exorbitantes en los mercados. Más allá de los resultados científicos, el estudio de Gracia González-Porter y Frank Hailer hace hincapié en la necesidad de proteger rápidamente a estas especies. Una mejor comprensión de la genética y de su historia podría salvar al último representante de la familia de las Dermatemydidae…

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