Las favelas y la protección medioambiental

La reforestación de las favelas de Rio iniciada en los años 80 han supuesto un importante descenso en las emisiones de CO2, cuyos derechos se venden para continuar con la reforestación.

Normalmente se asocia a las favelas al mundo de la delincuencia, la pobreza y la marginalidad, pero estos barrios de las colinas de Rio de Janeiro, donde viven 1’2 millones de personas, también aportan su granito de arena en la protección del medio ambiente. Las favelas están recuperando el verde, en parte, para proteger a las 300.000 personas, un 25% de sus habitantes, que viven en situación de riesgo por culpa de la deforestación urbana, en especial cuando las lluvias provocan deslaves.

A mediados de los 80 comenzaron a reforestarse las favelas, pero el problema era las dificultades para llegar a las zonas más altas, ya que para ello se necesitan recursos y asistencia técnica, algo costoso pero que ha sido posible gracias a los ingresos por los créditos de carbono. Y es que la reducción de las emisiones de dióxido de carbono aparejada a la reforestación de las favelas ha permitido a Río vender derechos de emisión a mercados internacionales o locales.

En 2010, la Secretaría de Medio Ambiente del gobierno de Rio puso en marcha la iniciativa de reforestación «Rio Capital Verde», que ha permitido recuperar 950 hectáreas de tierra degradada o colindante a la selva natural que queda plantando árboles procedentes de invernaderos locales. En algunas de las primeras favelas en iniciar la reforestación, como Morro da Formiga, los nuevos árboles han supuesto el regreso a sus laderas de pájaros o monos que las habían abandonado.

Otro de los beneficios de la iniciativa es que las zonas reforestadas tienen un microclima mucho más fresco que el del resto de la ciudad, algo de agradecer en una megaurbe como Rio, calurosa y húmeda. El riesgo de que se produzcan desastres naturales se ha reducido, ya que los árboles evitan la erosión del terreno, con lo que se disminuyen las posibilidades de deslizamientos de tierra y se evitarán las muertes que causan.

También se han reducido los incendios forestales, ya que la maleza ha dejado paso a los árboles típicos de la Mata Atlántica, el tipo de selva de la zona. Ahora, el objetivo, además de mantener la biodiversidad fruto de la reforestación, pasa por la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en un 16% en 2016 y hasta un 20% en 2020 en comparación con las emisiones de 2005. Para ello, mantener el plan de reforestación parece esencial.

Fuente: El País

Foto: kvn.jns

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