La verdad de la lluvia ácida

El término de lluvia ácida fue usado por primera vez por el químico Robert Angus Smith, en 1985, para explicar el fenómeno producido por la combinación de la humedad del aire con el óxido de nitrógeno y el dióxido de azufre, los cuales son emitidos por fábricas, centrales eléctricas y vehículos que queman carbón o productos derivados del petróleo. Un vez que estas emisiones entran en contacto con el vapor de agua, forman ácido sulfúrico y ácidos nítricos, sustancias químicas que posteriormente caen a la tierra acompañando a las precipitaciones.

El término de lluvia ácida fue usado por primera vez por el químico Robert Angus Smith, en 1985, para explicar el fenómeno producido por la combinación de la humedad del aire con el óxido de nitrógeno y el dióxido de azufre, los cuales son emitidos por fábricas, centrales eléctricas y vehículos que queman carbón o productos derivados del petróleo. Un vez que estas emisiones entran en contacto con el vapor de agua, forman ácido sulfúrico y ácidos nítricos, sustancias químicas que posteriormente caen a la tierra acompañando a las precipitaciones. Este fenómeno sumamente dañino recibe el nombre de lluvia ácida.

El efecto nocivo de la lluvia ácida se incrementa notablemente debido a que los contaminantes atmosféricos primarios que la originan, pueden recorrer grandes distancias, debido a que son trasladados por los vientos a lo largo de gran cantidad de kilómetros, antes de caer en forma de rocío, lluvia, llovizna, granizo, nieve o niebla, provocando graves daños en el ambiente. Hay que tener en cuenta, que el humo del cigarro también es una fuente secundaria de esta contaminación, de la misma manera, contribuyen las erupciones volcánicas y los géiseres, aunque en una pequeña cantidad.

Una vez que se ha completado el ciclo de este proceso químico, y la lluvia ácida cae a la superficie, comienza a registrarse su efecto destructivo. Para comenzar, al llegar a las aguas de lagos, ríos y mares, dificulta el desarrollo de vida acuática, aumentando en gran medida la mortandad de peces. De la misma manera, afecta directamente a la vegetación, por lo que produce daños importantes en las zonas forestales, provocando la disminución de la población de árboles y la reducción de la fertilidad de los suelos, esto también causa un efecto sumamente nocivo en los microorganismos de la tierra. A nivel del suelo, los efectos de este fenómeno pueden verse incrementados en los bosques de zonas de alta montaña, donde la niebla aporta cantidades importantes de los contaminantes en cuestión.

Aunque los científicos no se han puesto de acuerdo con respecto a los efectos inmediatos concretos, la mayoría considera que la lluvia ácida no mata directamente a plantas y árboles, pero si actúa a través de ciertos mecanismos que los debilitan, haciéndolos más vulnerables a la acción del viento, el frío, la sequía, las enfermedades y los parásitos. La lluvia ácida también afecta en forma directa a las hojas de los vegetales, destruyendo su cubierta cerosa y provocando pequeñas lesiones que alteran el proceso de la fotosíntesis; de esta manera, las plantas no sólo pierden hojas, también se ven imposibilitadas de alimentarse adecuadamente.

Efectos de la lluvia ácida en plantas – imagen obtenida de Wikipedia, autor: Lovecz.

Al contener un porcentaje de ácido sulfúrico, esta lluvia genera un efecto corrosivo sobre las construcciones, llegando a disolver el carbonato de calcio, de modo que causa daños en los monumentos y edificaciones construidas con mármol o caliza. Se estima que en la actualidad, muchas ruinas han desaparecido o están en vías de hacerlo, a causa de este factor.

Si bien el daño que produce la lluvia ácida sobre las personas no es directo, su efecto contaminante si está vinculado directamente a una serie de afecciones al organismo al momento de respirar.

Frente a los graves daños que causa la lluvia ácida, varios países han comenzado a implementar medidas para revertir este proceso, pues aunque ya ha sido demostrado que la lluvia ácida contribuye a disminuir el gas metano, es decir, puede contribuir a disminuir el efecto invernadero, pero en una proporción que no puede considerarse alentadora.

De momento se hace necesario reducir el nivel máximo de azufre en diferentes combustibles, pero esta alternativa encuentra un serio impedimento, pues también produciría el cierre de gran cantidad de refinerías. Igualmente, se considera impulsar el uso de gas natural en diversas industrias, así como la introducción del convertidor catalítico de tres vías y la conversión a gas en vehículos de empresas mercantiles y del gobierno, pero este proceso aún encuentra detractores, debido a que las reservas de gas natural todavía no se han podido cuantificar de manera exacta, lo que hace temer un futuro desabastecimiento. Junto a la alternativa del uso del gas, también se ha considerado la ampliación del sistema de transporte eléctrico. Mención importante es la de la disminución del uso de sustancias químicas en los cultivos, pero pese a que también un efecto nocivo directo en la salud humana, también encuentra mucha resistencia.

El ejemplo chino

Si en un momento China fue considerado el país con mayor índice de contaminantes, una agresiva campaña impulsada por su gobierno ha comenzado a mostrar los primeros indicios de lo que podría significar un retroceso en la contaminación, pero para ello fue necesario detener la actividad de 9 mil obras, cerrar casi 200 fábricas y retirar de las calles a más de un millón de vehículos. Podría considerarse entonces que hacía falta una determinación drástica, pero todavía tienen previsto reducir aún más el tránsito y cerrar otras 105 fábricas en Pekín, y 56 en la ciudad de Tianjin, metrópolis industrial situada a 140 kilómetros de la capital. A ellas se unirán 61 factorías más, ubicadas en diferentes ciudades.

Contaminacián ambiental por efecto de las fábricas – imagen obtenida de Flickr, autor: surfercosmovision/iago.

Tras este paso tan firme, nos podríamos preguntar de dónde salió la motivación. Pero es sencillo, según estudios estadísticos, cerca de 400 mil personas mueren cada año en China, debido a enfermedades pulmonares y cardiovasculares, todas ellas relacionadas con la contaminación. Pero esta no es la única cifra alarmante, 300 mil personas pierden la vida por la polución interior y la mala ventilación de las viviendas y otras 60 mil mueren por diarrea, cáncer de estómago y otros males vinculados a la deficiente calidad del agua.

Viéndolo de esa manera se trata de una motivación un poco macabra, pero lo verdaderamente preocupante es que esas cifras se repiten en muchos países del mundo, en menor proporción obviamente, pero conforme pasa el tiempo, las víctimas se van incrementando y cada vez hay mayor registro de enfermedades producto de la contaminación. Es decir, ¿tendremos que encontrarnos ante una situación sumamente crítica para hacer algo al respecto?

Créditos:

Imagen 1: Un ejemplo de contaminación – imagen propiedad de Red Blogia.

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