La gravedad nos enseña a comprender el planeta

La gravedad es la fuerza que nos hace tocar, literalmente, de pies en el suelo. Pero esta atracción no es uniforme. Es menor cuando estamos a más distancia del centro del planeta y también depende de la distribución de la materia en el subsuelo. Le afectan el relevo del territorio y la existencia de montañas y valles. E incluso grandes edificios pueden provocar variaciones. Las diferencias son pequeñas y poco importantes en la vida cotidiana, pero tienen impacto en estudios científicos, que requieren gran precisión.

Por ello, la ESA, la Agencia Espacial Europea, ha lanzado al espacio el satélite «GOCE», que medirá la fuerza de la gravedad en cada punto de la Tierra. La clave de la misión es un instrumento llamado gradiómetro. Contiene tres pares de masas flotantes. Midiendo y comparando la fuerza de atracción que experimentan se puede elaborar con gran exactitud un mapa mundial de la gravedad. Todo ello permitirá conocer el interior de nuestro planeta.

A los investigadores les gustaría comprender los procesos en el interior de la Tierra para ser capaces de predecir cómo serán en el futuro. La predicción de terremotos sería algo de gran utilidad, porque los expertos podrían avisar a la gente antes no pasaran.

Como la gravedad depende de la distribución de la masa terrestre, las variaciones también informarán con detalle sobre cambios muy pequeños del nivel del mar. Estos cambios los provocan tanto la dilatación del agua debida al aumento de temperatura como la fusión de los hielos polares. Aparte de amenazar ciertas zonas del litoral, también pueden alterar la circulación de las corrientes oceánicas.

Volker Liebig, dijo. Programa Observación Tierra:
«Es muy importante, porque estas corrientes transportan mucho calor. La Europa del norte, por ejemplo, se calienta por la corriente del Golfo, y, si se están produciendo cambios, necesitamos saberlo, porque tendría un gran impacto en las nuestras predicciones climáticas. »

El «GOCE» no está solo en el espacio vigilando el nivel de mares y océanos. La ESA lanzó el año pasado el «Jason 2». Su función es obtener medidas muy exactas de la altura de las aguas, con una precisión de 34 milímetros. Su método es distinto del que utiliza el «GOCE». El «Jason 2» envía pulsaciones en la superficie del mar. Midiendo el tiempo que tarda la señal en volver al satélite se puede calcular la distancia que hay y, por tanto, la altura de las aguas.

Las medidas realizadas por la ESA desde 1992 muestran que el nivel del mar aumenta, en promedio, 3 milímetros al año. Pero, en algunos lugares, los marcados en amarillo o en rojo, el aumento ha sido mucho más rápido. El control de estos procesos es importante para elaborar mejores modelos climáticos y para conocer los puntos del planeta más amenazados por la subida del nivel de las aguas.

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