La biomasa térmica, de moda en España

El sector de la biomasa térmica español pasa por un buen momento, como quedó patente en Expobioenergía, aunque hay un temor cada vez mayor ante posibles medidas perjudiciales por parte del Gobierno.

Valladolid celebró el pasado fin de semana una nueva edición de Expobioenergía, la principal feria de la biomasa del sur de Europa. Allí se constató el gran momento que viven los usos térmicos de la biomasa, como la calefacción y el agua caliente sanitaria; a la vez que se despierta el miedo a que empresas y consumidores acaben teniendo que pagar la cuota de mercado que el gas y el gasóleo pierden frente al ahorro que supone el uso de biocombustibles sólidos como los pelets y las astillas.

«Esperamos que no llegue el Gobierno y como ha ocurrido con el autoconsumo de electricidad imponga que hay que pagar un peaje o un impuesto más por instalar calderas de biomasa y abastecerlas con pelets» era uno de los pensamientos más repetidos en Valladolida. Entre los principales beneficiarios de la biomasa están la agricultura -cultivos y residuos-, el desarrollo rural -empresas y logística en zonas forestales o agrícolas-, la investigación y tecnología en búsqueda de calderas y estufas más eficientes y la industria encargada de fabricarlo y distribuirlo.

Paralelamente a Expobionergía se celebra BIOMUN (BIOenergía para MUNicipios), donde los representantes de distintos municipios compartieron sus experiencias con la biomasa. En siete años se ha pasado de 17 a casi 100 megawatios de biomasa instalados, como los 9 mw que calientan 210 viviendas, edificios municipales y una industria de Soria, a los que hay que añadir los 16 que a partir del año abastecerán a la Universidad de Valladolid y al Hospital Universitario vallisoletano.

Pero el ejemplo más espectacular del éxito de la biomasa lo encontramos en Huétor Tájar, una localidad granadina de algo más de 10.000 habitantes. El alcalde, Fernando Delgado, explica que en el año que lleva instalada la red de calor de biomasa la factura de calefacción de la localidad ha bajado de 115.000 a 37.000 euros, un 68%. Se trata de una red que funciona con huesos de aceituna, un biocombustible típico del campo en el Mediterráneo; y sirve para aportar calefacción y agua caliente a cinco dependencias municipales como colegios, centros sociales e instalaciones deportivas.

Con ello, los agricultores obtienen un beneficio extra al producir olivas, ya que en vez de pagar por la eliminación del subproducto lo venden. Los únicos «peros» de la experiencia verde son la mala cosecha de aceitunas, que los llevó a pagar 18 céntimos por kilo y no los «10 o 12» previstos y las dificultades que tiene para implantar un sistema de autoconsumo fotovoltaico por culpa de las trabas del Gobierno al autoconsumo.

Fuente: El País

Foto: Manel

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