Garoña y sus reformas

Si Nuclenor quiere reabrir Garoña deberá hacer una importante inversión en materia de seguridad e instalar un nuevo sistema de refrigeración o reducir la potencia de la nuclear.

Hace unos días vimos que el Gobierno había aprobado un Real Decreto que permitiría la reapertura de la central nuclear de Garoña, en Burgos. La central burgalesa cerró sus puertas, en teoría definitivamente, el pasado 6 de julio; y Nuclenor tiene hasta ese día pero de 2014 para solicitar la renovación de la licencia. Pero no bastará con que el Gobierno se la conceda, ya que si Garoña quiere volver a funcionar deberá llevar a cabo importantes reformas para garantizar la seguridad.

Lo primero de todo será acometer las obras derivadas de las inspecciones que sucedieron a la catástrofe de Fukushima, de la que estos días se cumple el tercer aniversario. El Consejo de Seguridad Nuclear impuso una serie de mejoras en Garoña que supondrían una inversión superior a los 100 millones de euros. Esta fue una de las razones que llevaron a Nuclenor, participada a partes iguales por Endesa e Iberdrola, a cesar la actividad de la planta burgalesa el pasado verano.

Si Nuclenor decide seguir adelante con la reapertura de Garoña, también deberá tomar una decisión sobre la refrigeración del reactor. La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) acaba de conseguir que la justicia obligue a Nuclenor a refrigerarlo de forma alternativa a la que utilizaba hasta que dejó de funcionar en diciembre: tomar un caudal constante de agua del Ebro y devolverlo al río a una temperatura superior, que podía alcanzar hasta 30ºC.

La CHE explica que el endurecimiento de las condiciones se debe a la reducción del caudal del Ebro prevista para los próximos años, que podría llegar al 18% en 2040. Si baja el caudal del río y Garoña continúa con su sistema actual «podría dar lugar a afecciones en cuanto a la calidad del medio», según el Centro de Estudios y Experimentos de Obras Públicos, dependiente de Fomento. Si finalmente vuelve a abrir, Garoña tiene dos opciones: reducir su potencia o hacer obras de refrigeración.

Nadie sabe a ciencia cierta el coste de un nuevo sistema de refrigeración, ya que depende de la potencia de la central y la tecnología que escoja. Antes de cerrar, Garoña podía producir hasta 400 megavatios de electricidad. La nuclear de Almaraz, con una potencia de casi 2.000 megavatios, ha invertido 30 millones de euros en renovar su sistema de refrigeración para no devolver agua a más de 30ºC al embalse de Arrocampo.

Mientras, Nuclenor guarda silencio sobre una reapertura que a priori solo ejecutará si consigue unas condiciones rentables, es decir, si el Gobierno le permite explotarla unos 20 años más a pesar de que funcionó durante 41 cuando estaba diseñada para operar 25 años.

Via: El País

Foto: aiaraldea.com

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