Filtro de CO2 en el Golfo de León

Mar adentro, al noreste de la punta de España que delimita con Francia por el Mediterráneo, el fuerte viento de la tramontana levanta las olas cuando sopla. Pero la tramontana no es un fenómeno aislado, sino entrelazado con otras alteraciones de temperatura, densidades y composiciones químicas del mar y la atmósfera que suceden en el Golfo de León.

El trabajo en alta mar de los oceanógrafos es crucial para saber más de él

A bordo de buques científicos, investigadores de diversas universidades muestrean la zona. Obtienen agua del mar, desde la superficie hasta 2.000 metros de profundidad. Lo hacen en diferentes puntos y épocas del año. El agua sale con densidades, salinidades y temperaturas diferentes. A finales de marzo y primeros de abril, la superficial se ha enfriado, se ha hecho más densa y se hunde. Este proceso se le llama célula convectiva.

Según los oceanógrafos, esta célula es destacable porque cumple una función triple. Permite el transporte de calor del océano a tierra, con lo que impide que en esa región exista un invierno muy frio. Después, el agua muy densa y salada se hunde en el Mediterráneo transportando sal hacia el océano Atlántico. Y finalmente, la célula permite introducir mucho CO2 en el agua.

Imágenes obtenidas por satélite, contrastadas con el muestreo en el mar, permiten crear modelos del comportamiento de este fenómeno de convección y del movimiento de las grandes masas de agua en todo el Mediterráneo noroccidental. Así se ve cómo evolucionan los efectos de la llamada célula convectiva. El agua salada que se hunde empuja la del fondo hacia la superficie con toda la materia orgánica de los sedimentos. Esto funciona como fertilizante para las algas del plancton. Las imágenes de los satélites, una vez más, detectan el aumento de las algas.

El fitoplancton incorpora dióxido de carbono, hace la función primaria, crece en gran cantidad. Entonces esto provoca unas aguas subsaturades en dióxido de carbono que se equilibran con la atmósfera y eso es el mecanismo que hace que se vaya incorporando este CO2. Cuantitativamente la captación de CO2 que se hace por unidad de superficie es equivalente a la que existe en el Atlántico norte y también se han realizado hecho cálculos preliminares que indican que la importancia como sumidero de carbono puede ser equivalente a la que tienen los sistemas terrestres.

Con las imágenes por satélite se puede estimar la clorofila de las algas de la superficie y también la temperatura de las aguas, la densidad y los niveles del océano. La interacción de datos satélite y del barco a nivel del mar han permitido detectar relaciones entre altura y niveles de CO2 que en el futuro podrían mostrar tendencias climáticas. El calentamiento atmosférico puede alterar este complejo fenómeno en el Golfo de León, como se ha detectado en otros lugares del mundo.

Foto: NOAA’s National Ocean Service

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