El drama del Rinoceronte Blanco

A pesar de ser el segundo animal más grande de África, el rinoceronte blanco está desapareciendo. Aproximadamente, sólo 20.000 viven en estado salvaje y 780 en cautiverio. Las dos razones fundamentales son que en China sigue existiendo la tradición de que el polvo extraído de sus cuernos tiene propiedades curanderas y afrodisíacas y que, en Yemen, el material de su cornamenta se utiliza para fabricar mangos para dagas. Según varios estudios, la caza indiscriminada ya ha reducido en un 50% el número de los mismos.

Situándose en segunda posición como el mamífero más grande de África, detrás del elefante, con un peso de tres toneladas y una longitud de unos cuatro metros, el rinoceronte blanco se encuentra hoy a punto de extinguirse. ¿Cuál es la causa? Como no: el hombre. Apartado en el Parque Nacional Garamba, El Congo, el rinoceronte blanco está a punto de desaparecer debido a la caza furtiva. La especie es una de las ‘cinco grandes’ africanas que podrían desaparecer. Se calcula que apenas 20.000 viven en estado salvaje y que hay 780 en cautiverio.

A pesar de llevar una vida tranquila y sin tener aparentemente ningún depredador, el rinoceronte blanco está desapareciendo por culpa de sus codiciados cuernos. Un procedimiento que comienza sedando al animal para que, cuando están inconscientes, arrancarles el cuerno y dejarles abandonados y sangrando. Una cruel cacería que ya ha reducido el número de ellos en un 50%.

Rinoceronte blanco con su cría

Si la caza furtiva sigue amenazando, ya no volveremos a ver imágenes como ésta.

Dos son las principales causas de dicha atrocidad. Por una parte, tenemos una razón histórica cultural: en China se sigue creyendo que el polvo que se puede obtener a partir de los cuernos posee características curanderas y que puede aportar vigorosidad al miembro masculino durante la relación sexual. A pesar de no estar probado científicamente, son muchas las personas que siguen pagando a cazadores para dicho fin. Por otro lado, en Yemen, los cuernos son verdaderamente caros y es que, confían en sus propiedades y belleza para la fabricación de mangos para dagas.

Tal y como publicó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), en agosto de 2006 no se podían contar más de cuatro ejemplares en Garamba. Martin Brooks, jefe de un grupo de especialistas africanos, afirma que en un estudio desarrollado no hace mucho tiempo, no se han hallado casi pruebas de su existencia.

“A menos que los animales sean encontrados durante búsquedas intensivas, la sub especie puede estar condenada a la extinción”, indicó Brooks. Asimismo, también incide en que el problema se basa en la forma de vida particular de El Congo, una vida que dice aún salvaje y que es casi imposible por la enorme violencia que se desarrolla en el país y la cruda realidad en la que viven sus ciudadanos.

Tal es la gravedad de la situación en Kenia que ya no se ven en estado natural. Para intentar salvarlos, se llevaron cuatro rinocerontes del zoológico de Dvur Kralove de la República Checa a la reserva de 01 Pejeta en Kenia central, como parte del proyecto Last Chance to Survive (Última Oportunidad para la Supervivencia).

Los expertos confían en que dos parejas son las suficientes para aumentar la raza. Tal y como ha dicho la directora del zoológico Dana Holeckova: «trasladarlos es un último esfuerzo para salvarlos a ellos y a su acervo genético de la extinción total. Supone su última oportunidad de lograr la reproducción en un lugar seguro en el medio silvestre». No obstante, la iniciativa no ha contado con el apoyo de La Asociación Europea de Zoológicos (EAZA), que ven el movimiento como peligroso e imprevisible.

En mi humilde opinión, cualquier intento que se puede realizar para salvar la vida de un animal que nosotros mismos estamos arrebatando es más que suficiente. No hay que alejarse de pesimismos. Si ya está entre los animales que mayor peligro tienen de extinguirse, la probabilidad de que finalmente ocurra es muy elevada.

Fuente / El Rincón de las Cuatro Patas ; ecologiablog

Foto / Martin Pettitt

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