El deshielo en Groenlandia a control

Con 4.500 habitantes, Ilulissat es la tercera ciudad más poblada de Groenlandia. Situada 200 kilómetros al norte del Círculo Polar, es una de los principales destinos turísticos de la isla. Los colores de las casas destacan ligeramente en un paisaje monótonamente blanco y las barcas de pesca no reposan en la arena, sino en un mar de hielo. En groenlandés, Ilulissat significa «icebergs» y estos grandes bloques de hielo llenan la costa. Todos nacen de un glaciar que está retrocediendo desde hace años.

El deshielo es uno de los problemas del cambio climático más acusados

Por eso Groenlandia es uno de los objetivos preferentes de los Programas de Observación de la Tierra de la ESA, la Agencia Espacial Europea. El satélite Cryosat obtiene datos muy precisos del grosor y extensión de los bloques de hielo que flotan en el Ártico y también mide con precisión la superficie helada total. Es capaz de detectar cambios de un centímetro al año. Los datos que se han recogido hasta ahora no llevan al optimismo.

Volker Liebig, director de Programas de Observación Tierra ESA se pronuncia de esta manera: «No estamos hablando de modelos, hablamos de observaciones directas y simplemente describimos lo que podemos ver. Y con este método lo que vemos es que los hielos están retrocediendo mucho en los últimos años y casi cada año tenemos un récord de menor superficie de hielo en el mar. Y eso es una clara indicación de que aquí el entorno está cambiando y muy rápido».

Para validar la precisión del satélite hay que hacer medidas y análisis desde tierra. Los científicos extraen cilindros para estudiar los diferentes tipos de hielo y su variabilidad estacional. El hielo y la nieve no forman superficies uniformes y eso puede influir en los datos que recoge el satélite. Con temperaturas muy por debajo de los cero grados y con vientos muy fuertes, la dificultad no es el trabajo en sí. Santiago de la Peña, de la Universidad de Edimburgo, señala en este sentido que «en realidad activar el instrumento se muy sencillo, lo difícil es estar en el hielo, estar bien abrigado, mantienen las cosas sin congelar, porque hace mucho frío, navegar cada mañana en los lugares a donde vamos… pero uno se acostumbra».

Los investigadores también colocan reflectores que servirán para hacer otras medidas de comprobación. En este caso, los mismos instrumentos que viajan con el satélite a 700 kilómetros de altura van dentro de un pequeño aeroplano. Los datos del radar y del láser sirven para validar las medidas hechas desde el espacio. Con toda esta información, la ESA controla los cambios en este entorno que poco a poco se va calentando, en un proceso que tendrá unos efectos ahora imprevisibles en el clima global del planeta.

Foto: Milimetro

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