El Lobo: un cazador amenazado

El lobo dejó de acechar en los bosques para huir de la persecución del hombre. Ahora, al borde del peligro de extinción, se abren nuevas posibilidades para su supervivencia. Dentro del marco del Plan del Lobo (que tendrá una vigencia de diez años) esta prevista la creación de un foro para su seguimiento para mantener la población de lobos, dentro de un número que permita minimizar los conflictos por lo daños que puedan ocasionar. Aquí estarán integradas asociaciones de ganaderos, sindicatos agrarios, grupos ecologistas, cazadores, universidades, ONGs y la administración.

El hombre se ha sentido amenazado por los lobos desde tiempos inmemoriales, llegando incluso a considerarlo como su principal enemigo, a verlo como la criatura astuta y fiera que lo acecha en lo más oscuro de los bosques y que aguarda el momento oportuno para atacarlo o atacar a su ganado.

Lobo poderoso y desafiante. Imagen obtenida de Flickr, autor: Iñigo Tomé

Tal vez, parte de este peculiar sentimiento, obedece a que este animal se ubica en un nivel semejante al del hombre en la pirámide ecológica, pues ambos competían en la antigüedad por el mismo alimento.

Lo irónico es que el mejor amigo del hombre, el perro, surgió gracias a que nuestros antepasados domesticaron a unos cuantos lobos y los convirtieron en sus fieles servidores. Usándolos en la caza, en el mantenimiento de sus rebaños, y sobre todo, vigilando a sus parientes más cercanos, a aquellos que seguían en estado salvaje y no aceptaron someterse al yugo del hombre, los lobos.

Se estima que en todo el mundo existen al menos 32 subespecies de lobo (Canis Lupus), las cuales se  pueden reunir en cuatro grupos: lobos blancos (llamados tundrarum en Alaska, y albus en la región ártica europea), lobos rojos (que habitan las zonas predesérticas de Eurasia), lobos grises (también conocidos como pambasileus en Alaska) y lobos pardos (distribuidos en la Península Ibérica y Eurasia). Dentro de su género, también se considera a otras especies similares que acogen a subespecies menores, las cuales habitan las regiones de Norteamérica y la India.


En la actualidad, las poblaciones más extensas de lobos se encuentran en los Países del Este, principalmente en Rumania, en la región Báltica y Polonia. Las áreas ocupadas en el centro y oeste de Europa, básicamente se corresponden con áreas montañosas con baja densidad humana y que soportan unos agrícolas y ganaderos extensivos, la distribución es muy irregular y las poblaciones se encuentran aparentemente aisladas unas de otras (Península Ibérica, Escandinavia, Italia y Francia). Partiendo de estas referencias, se podría considerar como relativamente alto el número total de lobos que habitan en Europa, pero hay que tener en cuenta que sólo seis países mantienen más de mil ejemplares, entre ellos España.

El regreso al bosque.

Si bien el sector ganadero es considerado como uno de los principales afectados por la amenaza de los lobos, hay que tener en cuenta que numerosos ataques al ganado son originados por el acecho de perros asilvestrados, ataques que son atribuidos general e irresponsablemente al lobo, quien es el que debe lidiar con las medidas adoptadas por los ganaderos.

Los perros asilvestrados suelen ser, en su mayoría, animales abandonados por turistas, cazadores o incluso por los propios ganaderos. Si tenemos en cuenta que la mayoría de perros abandonados son adultos y de un tamaño mediano a grande, es fácil deducir que ante el hambre y la sed, vieron mayores posibilidades de supervivencia en el acecho del ganado doméstico. Es decir, optaron por volver a un estado salvaje.

La responsabilidad directa del hombre, hace que este sea un problema que no se acepta del todo entre los afectados por daños al ganado. Como siempre que se elige la opción más sencilla, se sigue culpando y persiguiendo al lobo, aún cuando no es responsable de los daños.

Cuando crece el cerco.

Siendo una especie eminentemente salvaje, el crecimiento de las ciudades se ha convertido en una de sus principales amenazas a su superviviencia. Principalmente por efecto de la deforestación y la tala indiscriminada de los bosques. Si a ello añadimos los incendios forestales, la sobrecaza de animales silvestres y el aumento de vallados cinegéticos; podemos apreciar que el lobo se ha traslado alejádose de estos movimientos del progresp, alejándose de este crecimiento indiscriminado de la civilización.

Lobo acechando en un matorral. Imagen obtenida de Wikimedia, autor: Malene Thyssen.

Lamentablemente, estos animales, se han encontrado también con un alarmante aumento de caminos y carreteras locales, cruce de autovías y la invasión de los vehículos todoterreno en las regiones que consideraban libres. Sus posibilidades de sobrevivir disminuyen aún más con el empleo masivo e incontrolado de plaguicidas y agricultura química, y con la subasta de monterías de lobo, legalizadas por Comunidades Autónomas (Castilla y León) las cuales son secundadas por la caza furtiva. Si a esta larga lista añadimos el miedo que el lobo despierta entre los hombres, es lógico decir que este animal ya se encuentra en las vías del exterminio.

En la actualidad, el lobo ha desaparecido de muchas zonas de la península y sólo puede ser visto en algunos reductos naturales como la Reserva Natural de Muniellos en Asturias, en donde ha logrado sobrevivir por la ausencia de ganado doméstico.

El plan del lobo.

Frente a esta situación, el Conselleiro de Medio Ambiente, Manuel Vázquez, ha calificado como punto de vital importancia, el consenso alcanzado entre ecologistas, ganaderos, cazadores, sindicatos agrarios y expertos para que pueda aprobarse próximamente el Plan de Gestión del Lobo, el cual pretende mantener la actual población, en coexistencia con el mundo rural y las actividades agropecuarias.

Vázquez señaló que «la población gallega de lobos (entre 500 y 600 ejemplares) es adecuada para el territorio que ocupa en la Comunidad autónoma«, por lo cual se pretende mantener este número y reparar a través de la administración, los daños que puedan ocasionar en el sector primario.

Este experto precisó que se habían incrementado las ayudas a los ganaderos hasta el rango de los 100,000 euros; las mismas que fueron de 80,000 en 2007 y 50,000 en el año anterior, aumentos que no se han debido a un mayor número de ataques de los lobos, si no a la ampliación de las ayudas a todo tipo de criadores de reses, tanto en ganadería intensiva como extensiva.

Lobo atento a la presa. Imagen obtenida de Wikimedia, autor: Hok.

Dentro del marco del Plan del Lobo (que tendrá una vigencia de diez años) esta prevista la creación de un foro para su seguimiento, en el que se integrarán asociaciones de ganaderos, sindicatos agrarios, grupos ecologistas, cazadores, universidades, ONGs y la administración. Este seguimiento contemplará el mantenimiento de la población de los lobos, dentro de un número que permita minimizar los conflictos por lo daños que puedan ocasionar. Además, se han establecido ayudas por los daños causados por este animal, que serán de 30 a 94 euros para ovejas, de 230 a 1.100 para vacas y de 220 a 600 para los caballos.

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