El biocombustible se eleva por las nubes

La crisis económica y el precio del petróleo no ofrecen buenas perspectivas en la industria aeronáutica. Sin embargo, el A320NEO, el modelo presentado por Airbus a finales del año pasado, se ha convertido en récord mundial de pedidos: en medio año, el consorcio europeo recibió más de un millar. Las razones son dos: el crecimiento de los mercados asiáticos y que el diseño del avión le permite ahorrar más de un 15% de combustible. Esta última, una razón de mucho peso.

Combustibles alternativos y más respetuosos con el medio ambiente ahora llegan a los aviones

El combustible representa un tercio de los costes de operación de las líneas aéreas. Además, a partir de enero los vuelos que comiencen o terminen en la Unión Europea entrarán en el mercado del carbono y las compañías tendrán que reducir o compensar las emisiones.

Aparte de aviones más eficientes, se ensayan otras alternativas. El mes de julio, Lufthansa inauguró la primera línea regular que utiliza biocombustible, con cuatro vuelos diarios de ida y vuelta entre Hamburgo y Frankfurt. La compañía alemana asegura que el proceso de producción del biocombustible es totalmente sostenible. Joachim Buse, jefe aviación con biocombustibles Lufthansa se pronuncia en esta línea: «Tenemos la huella ecológica de la materia prima que utilizamos. Hemos estado en África, al origen, para verificar que viene de producción sostenible y poderlo garantizar ahora y también en el futuro.»

El biocombustible lo produce la empresa finlandesa Nesta Oil y esto parece una garantía: este año ocupa el vigésimo lugar en la lista de las cien empresas más sostenibles del mundo. Nesta lo sintetiza a partir de semillas de jatrofa o hueso de la India y de camelina, una planta de la familia de la col.

Para que la prueba sea significativa, Lufthansa carga el motor derecho con una mezcla al 50% de biocombustible y queroseno convencional y el motor izquierdo sólo con queroseno. Así se observará la respuesta en el mismo vuelo y en las mismas condiciones. Los aviones no han necesitado ninguna adaptación y la tripulación tampoco ha tenido ninguna formación específica, por lo que el avión se pilota exactamente igual. Y el cuadro de mandos indica que los dos motores se comportan del mismo modo.

La prueba durará seis meses y en este tiempo se evaluará no sólo el rendimiento, sino también la incidencia en el mantenimiento y en la vida útil de los aviones. En total se harán más de 1.400 vuelos y se evitará la emisión de 1.500 toneladas de CO2. Se espera dar así un empujón al uso de biocombustibles en el sector aéreo, que contribuye con cerca de un 3% en las emisiones causantes del cambio climático.

Foto: Bribri

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