Doñana sigue sufriendo las consecuencias de Aznalcóllar

Trece años después de la catástrofe medioambiental en la mina de Aznalcóllar, la zona afectada del Parque Natural de Doñana aún no ha logrado recuperarse del todo. Desde WWF han pedido al gobierno nuevos planes de restauración que aseguren el futuro del parque.

Muy pocas veces se ha producido en España una catástrofe ecológica de la magnitud de la  de Aznalcóllar en Sevilla, cuando la rotura de la balsa de la mina de Boliden Apirsa el 25 de abril de 1998provocó el vertido de seis millones de metros cúbicos de aguas ácidas y lodos contaminados en las cuencas de los ríos Agrio y Guadiamar. La mayoría de los proyectos para descontaminar y recuperar la zona, en los que participaron las consejerías de Empleo y Desarrollo Tecnológico, Agricultura y Pesca, Salud y Medio Ambiente, se desarrollaron a lo largo de un tramo fluvial de 4.634 hectáreas de extensión y 62 kilómetros de longitud entre la mina y los límites del Parque, sin embargo, a día de hoy la restauración de la zona sigue sin ser una realidad.

Así quedo Doñana tras el vertido. Imagen: Greenpeace

Y es que , según ha denunciado WWF, pese a que tras producirse el vertido todo fueron buenas intenciones y se  pusieron en marcha los dos proyectos de restauración «más importantes» de la historia de Parque Natural, (la creación del Corredor Verde del Río Guadiamar y el plan Doñana 2005), lo cierto es que ha pasado el tiempo y ambos planes  “se han visto retrasados constantemente sucesivos cambios de competencias entre la Administración andaluza y el MARM”.

Sus denuncias parecen estar apoyadas por los hechos. La  misión internacional que visitó Doñana el pasado mes de enero destacó la «urgente» restauración ambiental contenida en ambos planes, como un asunto crítico para que el espacio natural conserve sus títulos de Reserva de la Biosfera, Patrimonio Nacional y Humedal Ramsar e instó al gobierno a acelerar los planes para restaurar la zona.

Así, WWF considera «imprescindible» poner en marcha nuevos proyectos de restauración que consoliden el futuro de Doñana, asegurando los aportes en cantidad y calidad de aguas a la marisma, teniendo en cuenta los nuevos escenarios que el cambio climático creará en el sur de la Península Ibérica.

Y es que , según los cálculos de la ONG, Doñana «se puede salvar de la desertificación si se consigue un aporte natural de 200 hectómetros cúbicos de agua al año, frente a los 75 que recibe normalmente este humedal, una cifra mínima que le impide conservar sus ecosistemas». Y para ello es imprescindible que se culmine la ejecución de las actuaciones pendientes del plan Doñana 2005 como el Caño del Guadiamar, Caño Travieso y demolición de la Montaña del Río, a lo que debería seguir un nuevo Plan Doñana 2020 que garantice la recuperación total de la zona afectada por el desastre.

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