¿Cómo afecta el Rocío a Doñana?

Un año más, la peregrinación del Rocío ha cruzado el Parque Natural de Doñana, dejando tras de si kilos de basura que las cuadrillas de limpieza no siempre recogen.

Durante siglos, religión y ciencia mantuvieron una dura pugna por ver cuál de las dos tenía razón, una guerra que hoy en día podríamos extrapolar a religión y ecología. Por lo menos, en el Parque Natural de Doñana, que la semana pasada vio como, igual que cada año, más de 100.000 seguidores de la Virgen del Rocío cruzaban la reserva de la biosfera camino al Santuario de la Reina de las Marismas, donde está la Virgen del Rocío, con los devastadores efectos que tiene esta peregrinación sobre Doñana.

Hace años que ecologistas y peregrinos mantienen una disputa por los recorridos que pasan por Doñana, pero las cifras bailas. Desde la dirección del Espacio Natural de Doñana hablan de 37.000 peregrinos y 5.000 vehículos (entre todoterrenos y tractores), una cantidad muy alejada de los 100.000 de los que hablan la Delegación del Gobierno en Huelva o el coordinador provincial de emergencias. Las estimaciones de los guardas del parque también se acercan a los 100.000 peregrinos.

WWF considera escandalosa cualquiera de las dos posibilidades, y critica la presencia de 10 vehículos a motor cada uno de tracción animal. Ecologistas en Acción también critica la gran presencia de vehículos motorizados, y propone que si se quiere respetar la tradición del Rocío se peregrine a pie, a caballo o en carreta. Otra de las críticas de los ecologistas es que las negligencias de muchos de los peregrinos incrementa el riesgo de incendio en un espacio natural protegido.

La presencia de mozos que limpian los restos no impide que tras el paso de los peregrinos Doñana quede llena de basura. Platos y cubiertos de plástico, botellas de jerez, vasos de cubata, latas y otros restos de la procesión se amontonaban en los alrededores del camino tras el paso de las cuadrillas de limpieza. Además, el mal olor de las botellas atrae a insectos como escarabajos o musarañas, que entran en ellos pero son incapaces de salir, convirtiendo el Rocío en una trampa mortal para muchas especies animales.

Mientras, los ayuntamientos de los pueblos por los que cruzan los peregrinos también exigen más respeto por Doñana. Por ejemplo, la alcaldesa de Aznalcázar decidió cobrar a cada hermandad que cruzase el pueblo una tasa verde de 3.000 euros, además de 25 euros por vehículo a motor que despertó las iras de rocieros y de la propia Junta de Andalucía. Sin embargo, la regidora no se amedrentó y asegura que devolverá los 3.000 a cada hermandad si dejan limpio el bosque y el camino a su paso.

Vía: El País

Foto: d_vdm

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