¿A qué temperatura pongo el aire acondicionado?

Nunca es fácil que todo el mundo se ponga de acuerdo sobre la temperatura del aire acondicionado, aunque suele estar entre los 24 y 26ºC en casa y los 26ºC en lugares públicos.

Aunque algunos estudios decían que este año el verano iba a ser suave, el calor aprieta como todos los años, y prácticamente todos los días los informativos nos hablan de alertas por las altas temperaturas. Si no tenemos una piscina o la playa cerca, el aire acondicionado seguramente se haya convertido en nuestro mejor aliado para olvidar por un rato el calor, aunque muchas veces se convierta en foco de tensiones: que si está muy frío, que si no se nota…

Conseguir que todo el mundo esté a gusto es prácticamente imposible, pero podemos orientarnos. Por ejemplo, en 2009 el gobierno de Zapatero reguló por ley la temperatura de locales públicos, desde establecimientos de restauración o cines hasta los administrativos, pasando por tiendas, centros comerciales o medios de transporte públicos. En ellos, la temperatura mínima debía ser de 26ºC y la humedad relativa debía estar entre el 30 y el 70%, aunque no es lo mismo estar en casa que en otro sitio.

Una de las normas generales que deberíamos aplicar en casa es que la temperatura del termostato no baje más de 5ºC por debajo de la temperatura de la calle. De esta manera, nos sentiremos cómodos en casa, y evitaremos los típicos problemas de salud ligados a las diferencias térmicas cuando entramos o salimos de casa. El aire acondicionado deja de ser saludable cuando la temperatura entre el interior y el exterior difiere en más de 12ºC. Los expertos recomiendan mantener el termostato entre los 24 y los 26ºC, según la humedad.

La temperatura a la que lo utilicemos también repercutirá en nuestro bolsillo, ya que entre un grado y otro la diferencia de consumo es del 8%. Un buen aislamiento térmico o realizar un mantenimiento correcto son fundamentales para que no caiga el rendimiento energético. También hay que evitar instalar equipos con una potencia inferior a la necesaria y tenerlos encendidos muchas horas con la temperatura mínima que permite, ya que esta no se alcanza, tiene un gran consumo energético y provocará grandes oscilaciones de temperatura en la estancia a lo largo del día.

Si estamos pensando en comprarnos un aparato nuevo, debemos prestar atención a la calificación energética. Los aparatos de clase A son más caros, pero la diferencia de precio se recupera ya que consumen hasta un 50% menos de energía. El equipo también debe ajustarse al espacio que tenemos en casa, sus metros cúbicos y el espacio que queramos refrigerar.

Fuente: Hogarútil, Nergiza

Foto: jlmaral

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