La Globalización Económica

La globalización es un proceso económico con mucha influencia e importancia para todos. Sin embargo, ésta se ha visto frenada, y se podría ver frenada a futuro sino logramos hacerlas más justa e incluyente.

Escribía hace poco Jagdish Bhagwati un libro denominado, «En Defensa De La Globalización«, en el que el prominente economista de la Universidad de Columbia, además de dejar claro que era colega de Stiglitz y que fue profesor de Krugman, estipulaba sus comentarios y posición, sobre el fenómeno más grandioso y criticado de nuestra época. En su libro, el profesor estipulaba una posición en pro de la globalización, que tiene tanto de sencilla como cierta: la globalización es un proceso en el que nos hallamos, que tiene ventajas en unas cosas y desventajas en otras; por lo tanto, debemos centrarnos en profundizar las primeras y mejorar las segundas.

Algunos años antes, en su libro, «El Salto Global«, el ex-presidente colombiano y catedrático en España, Ernesto Samper Pizano, hacía una descripción profunda de lo que él mismo denomina la «patología de la globalización«, término que abarca los males que el fenómeno mundial ha conllevado. El terrorismo, el crecimiento del narcotráfico y el armamentismo, son sólo algunos ejemplos de los problemas que contrae la interconexión global. Por esto, el presidente proponía un nuevo paradigma latinoamericano, en el que por medio de la competitividad y la equidad, pudiera la región desarrollarse e insertarse profundamente en el mundo de hoy.

Antes que estas dos publicaciones, Josep Stiglitz escribió el libro que sirvió como génesis a todo este proceso académico que estudia a profundidad este cambio mundial. En «El Malestar En La Globalización«, el ex-economista en jefe se lanzaba con todo su arsenal crítico, en contra de la política que el FMI había aplicado alrededor del mundo, que tanto afectaban al tercer mundo, pero que tanto ayudaban al primero. Con esto, el premio Nobel se convirtió en la voz por excelencia de la oposición a la globalización, de manera casi increíble, sin haber dicho nada nuevo.

¿A qué se debe la fascinación del hombre del fin de siglo pasado y principios de este por el fenómeno de la globalización, más cuando es un proceso que siempre ha estado con nosotros? Los flujos migratorios, de capitales y bienes que se presentó a finales del siglo antepasado y principios del tras antepasado, son muy superiores a lo que hoy en día se vive.

En ese sentido, es válido preguntarse qué hace el que estas personas vayan en contra y con tanto ahínco sobre un proceso que tantos beneficios y tantas oportunidades nos han dado. Lo primero a decir en este asunto está ligado en la diferenciación que genera la oposición a la «antiamericanización» y la «antiglobalización». El uno difiere diametralmente, y sus diferencias son vitales para entender este proceso: en un sentido estricto, nadie está en contra de la globalización.

Tomando como referencia el polémico y exitoso libro del ultra derechista Samuel Huntington, «El Choque de Civilizaciones«, muy acertadamente el académico hacia una diferenciación entre ambos grupos. Para él, es errado decir que los movimientos son antiglobalización, puesto que nadie está en desacuerdo con los avances en las intercomunicaciones y las ventajas que este proceso contrae. Contra lo que sí están en contra estos grupos, es que sean casi exclusivamente las empresas de los países desarrollados quienes se beneficien del mismo, a costa de imponerse sobre sus pequeños competidores a nivel mundial.

Es muy importante hacer esta diferenciación, dado que en sí, el proceso globalizador es algo con el que la mayoría de los seres humanos estamos de acuerdo. Las ventajas en las comunicaciones, la posibilidad de comerciar con cualquier país del mundo, cualquier tipo de producto o servicio, el acceder a los conocimientos de todo el globo y en cuestión de segundos; todo esto es algo invaluable para cualquiera.

No obstante, es importante pensar en la globalización como un proceso en el que todos pongan, en el que se pueda dar campo a las diferentes economías del mundo, para que sus empresas sean parte del beneficio total. Es evidente que un mercado mundial es el sueño para todos los empresarios, pero para cualquier empresario.

Cuando un país monopoliza gran parte de las industrias mundiales, es evidente que un choque en contra del mismo va a haber. Lamentablemente, el ataque que va dirigido en contra de un aspecto de la globalización, es vendido por los opositores a este, cómo sí el ataque fuera contra todo el proceso. Lo anterior, es algo ciertamente errado.

Nadie quiere volver a un mundo como el que teníamos antes de la globalización; sólo se propone que tengamos un sistema mundial interconectado más justo y más incluyente. Es por eso que los ataques van contra la OMC, contra el FMI, contra el BM y contra los Estados Unidos, porque son ellos quienes han trabajado y luchado en pro de una globalización con grandes concentraciones de la riqueza, con inmensa miseria y con beneficios sociales muy lentos para los más necesitados.

Se puede decir que una vez finalizado la era económica del mercantilismo, se dio pasó al laissez-faire, laissez-passer, inspirado en las teorías de Adam Smith, empezando el proceso de globalización, el que llega hasta nuestros días. Es importante recalcar esto, porque a pesar de que es muy común escuchar que el proceso de globalización es indetenible, la verdad es que esto es un hecho falso.

En el pasado el proceso de globalización se vio frenado y de manera importante, por lo tanto, lo mismo podría volver a suceder en nuestros días. Con la Revolución de Octubre y la Gran Depresión de 1.929, así como el totalitarismo europeo, el mundo cerro sus fronteras y el proceso de integración mundial se vio detenido. En los años setentas, América Latina se enfrascó en el proceso de Raul Prebisch, la Industrialización por Sustitución de Importaciones, por lo que una vez más, las economías cerradas de esta parte del mundo frenaron el libre comercio.

No obstante lo anterior, la crisis de los Estados Unidos de 2.008 ha dejado claro que, por lo menos por ahora, el proceso de globalización económica se encuentra estable. No ha habido intentos de apoyarse en el proteccionismo como mecanismo para salir del atolladero. Todo lo contrario, los países han decidido trabajar en conjunto en pro de evitar una depresión.

A pesar de lo anterior, es evidente que el proceso globalizador sí tiene amenazas hoy en día. Las tiene y son muchas. Sin embargo, increíblemente el problema no es económico sino cultural. La economía mundial hoy en día es un conjunto unido, con problemas y fallas, pero que funciona como una unidad. No obstante, no podemos decir lo mismo del mundo político y cultural, en el que todavía brotes y arcaicos pensamientos xenofóbicos impiden una mayor integración de los pueblos de manera global.

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