España y sus negocios en América Latina

España lleva obsesionada con América desde el siglo XV. Más de 500 años después de la conquista de América, la antigua metrópoli quiere seguir teniendo peso en el continente americano. Todo depende de quién gobierne. Mientras que en Argentina tratan de proteger sus recursos, otros como Chile son capaces de vender sus bellezas naturales por un puñado de billetes.

Entre finales del siglo XV y principios del XIX, España ejerció su dominio político, económico, cultural y social sobre casi todo el continente americano. Unos dos siglos más tarde, el peso que tiene la antigua metrópoli sobre sus ex colonias es digno de estudio. Los procesos de independencia en América Latina supusieron el fin del monopolio español sobre el continente americano. De esta manera, las nuevas naciones se vieron libres de poder comerciar con otras potencias, principalmente, Inglaterra. El neocolonialismo anglosajón, que tras la Primera Guerra Mundial paso a manos de los estadounidenses, condenó al territorio latinoamericano a una permanente dependencia con respecto a los principales focos de capital.

Sebastián Piñera, junto a José María Aznar

Lo anterior, sobre todo, se hizo evidente desde 1970, cuando se agotó el modelo de sustitución de importaciones y se implantó el transnacional de desarrollo. De esta manera, los gobiernos latinoamericanos se encontraron sometidos a los intereses de las empresas extranjeras, principalmente norteamericanas. En este contexto, la huida de capitales (también conocido como proceso de extraterritorialidad de la soberanía económica) fue clave en el endeudamiento del continente. Este panorama económico puede explicar lo que viene sucediendo en países como Argentina o Chile en los últimos tiempos. Y pongo estos dos ejemplos por lo paradigmático de sus casos.

Argentina es una de las naciones americanas que más sufrió la crisis de la deuda externa, lo cual fue aprovechado por los políticos para dejar al país en la más absoluta miseria. Tras la llegada al poder de Néstor Kirchner en 2003, mandato que fue continuado por su esposa Cristina Fernández en 2007, el trato a las empresas extranjeras en territorio argentino dio un giro de 180 grados. Multinacionales, como Telefónica o Repsol, ya no las tienen todas consigo para explotar y hacer negocios a su antojo en territorio argentino. Tras los continuos expedientes puestos a Telefónica, ahora es el turno de Repsol, que se puede ver afectada por una nacionalización del sector en Argentina.

En cuanto a Chile, la cosa es bien diferente, por no decir opuesta. Tras la llegada al poder en 2010 de los neoliberales, con Sebastián Piñera al frente, el país está mucho más expuesto a los negocios extranjeros. Es cierto, que la liberalización del mercado consigue que entre capital en el país, pero a qué precio. En este sentido, cabe destacar el proyecto de la presa HidroAysén (se construirá en plena patagonia chilena, un paisaje de extrema belleza y fragilidad), cuyo principal inversor es Endesa, una de las compañías eléctricas más potentes de España. En fin, la liberalización de la economía puede causar auténticos desastres.

Foto: sebastianpinera

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