Doha

La Ronda de Doha era conocida como la «ronda para el desarrollo». Lanzada en el año 2.001 en Qatar con la intención de dar un paso más en el proceso globalizador económico, fue declarada muerta por la Organización Mundial del Comercio a mediados de esta año, dadas las incompatibilidades de intereses entre los países más desarrollados y los menos avanzados.

La Ronda de Doha era conocida como la «ronda para el desarrollo«. Lanzada en el año 2.001 en Qatar con la intención de dar un paso más en el proceso globalizador económico, fue declarada muerta por la Organización Mundial del Comercio a mediados de esta año, dadas las incompatibilidades de intereses entre los países más desarrollados y los menos avanzados.

La razón por la que la Ronda de Doha fracasó, se debe principalmente a que los países industrializados luchaban para que los más pobre redujeran dramáticamente sus aranceles o protecciones a los bienes industriales, mientras ellos mantenían intacta su estructura proteccionista en los subsidios agrícolas. Al final, primo la terquedad de los países más ricos, quienes encuentran en el sistema de comercio actual unas ventajas importantes que defender.

Triste es ver cómo la actitud de las grandes potencias solo les importa lo que pase con sus ciudadanos al interior de sus fronteras, olvidándose de la miseria de millones alrededor del mundo. Hace 22 años, cuando comenzaron las negociaciones de la Ronda de Uruguay, en donde terminaría dándosele nacimiento a la OMC, quien reemplazaría al GATT, el tema que se debatió era uno de mucha sensibilidad para los países ricos y las negociaciones llegaron a buen puerto.



En el mundo contemporáneo, es notoria la importancia y capacidad que tiene el comercio para el desarrollo y crecimiento de las naciones. El fenómeno de la globalización ha llevado a algunos países a la gloria económica, logrando concentrar riquezas inmensas y estableciendo mercados verdaderamente mundiales. No obstante, hay otro lado de esta situación que no es tan de color de rosa, y que ha significado la pauperización de millones de habitantes, quienes día a día pasan necesidades básicas.

Como consecuencia de esto, es importante recalcar la diferencia que hay en la sociedad civil mundial frente a este tema. Desde la reunión en Seattle en 1.999, ninguna negociación comercial ha podido llevarse tranquila y secretamente, como habían sido la costumbre con anterioridad. Sumado a esto, hay un fuerte interés en los medios de comunicación por estas rondas y todo lo que acontece alrededor, así como un número importantes de ONG que luchan por un comercio más justo.

Lo anterior ha tenido el logro de colocar el tema del comercio en boca de todos, lo que ha hecho imposible que la imposición de los intereses de los más poderosos se privilegie sobre los de los más débiles. Un importante factor para esto se debe a que hay un grupo de países que, envalentonados por el nuevo apoyo encontrado en todo el mundo a su causa, han establecido importantes grupos al interior de las negociaciones que buscan la imposición de sus demandas.

Es bueno recordar que a diferencia de lo que pasa en el FMI y en el BM, el sistema de votación de la OMC es mucho más democrático, por lo que el consenso es mucho más difícil de lograr. En las negociaciones comerciales, cada país es un voto, por lo que se necesita una mayoría real para lograr algún acuerdo.

A pesar de todas estas buenas propuestas e intenciones, la verdad es que poca gente tiene una idea clara de cuáles serían los efectos reales de las negociones comerciales que se llevan a cabo. Muy difícil de creer es que haya una interposición de intereses tan clara y marcada como la de contraponer los de los países ricos con los de los pobres. No es tan blanca y negra la situación, y por el contrario hay espacios muy grises en ese sentido.

Tal y como comenta el importantísimo economista Dani Rodrik en columna mensual en el Projec Syndicate, “es cierto que las políticas de apoyo a los agricultores en los países ricos tienden a deprimir los precios mundiales, junto con los ingresos de los productores agrícolas en los países en desarrollo. No obstante, para la mayoría de los productos agrícolas, es probable que la reducción progresiva de estos subsidios tenga efectos apenas significativos en los precios mundiales, a lo más unos cuantos puntos porcentuales. Esto es bien poca cosa en comparación con la importante alza de precios ocurrida recientemente en los mercados mundiales y, en cualquier caso, se vería opacado por la alta volatilidad a la que por lo general están sujetos estos mercados”.

Es decir, lo que en la Ronda de Doha se trató de negociar con mucho ahincó, es algo que el mercado logró hacer en los últimos años y que trajo una cantidad de consecuencias que se deben analizar con mucho cuidado. El asunto es que el alza en los precios de los alimentos que se vivió en los últimos años no contrajo puros beneficios para los países pobres, sino que por el contrario tuvo consecuencias que contraen muchos problemas. Según el mismo economista, “Si bien el aumento de los precios agrícolas a nivel mundial ayuda a los productores, afecta negativamente a los hogares urbanos en los países en desarrollo, muchos de los cuales son también pobres. Por esa razón, la reciente alza de los precios de los alimentos ha hecho que muchos países productores de alimentos impongan restricciones las exportaciones, lo que casi ha causado pánico entre quienes sienten inquietud acerca de la pobreza global”.

Aunque el alza de los precios significó un mayor ingreso para algunos productores, para la gran mayoría de la población la situación se vio muy complicada, dado que se le dificultaba cada vez más la adquisición de los alimentos. En un mundo con las tasas de hambre como las que tenemos en la actualidad, la situación en ese sentido no parece tan favorable.

No obstante, la verdad es que la eliminación de los subsidios agrícolas por parte de los países ricos mostraría sus más profundos beneficios en el largo plazo. Sin duda alguna que un mundo en el que los países pobres tuvieran la capacidad de producir y vender la mayor cantidad de productos agrícolas que se comercializan en el mundo, les significaría a millones de pobres y campesinos un bienestar alejado de su miseria constante. No obstante, lo que demuestra el trabajo de Rodrik es que la situación no será tan fácil, y que un cambio tan drástico del comercio mundial puede traer muchas consecuencias no previstas a futuro, como es el aumento del hambre generado por un aumento de los precios.

En caso de que la Ronda de Doha llegará a funcionar, es importante que los gobiernos estén preparados para una situación donde esto se pueda llevar a cabo, para lograr hacer una transición más gradual y calmada, no obligando a millones de personas a morirse de inanición. Hay un profundo cambio que hacer tanto en la estructura productiva de los países más pobres, como en la comercialización de los productos agrícolas, para lograr converger los intereses de los productores más pobres, pero también de los consumidores más pobres

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