Dólar, petróleo y “subprime”, bonita mezcla

Las bolsas mundiales acusan el enéismo impacto a su debilidad delante de una mezcla de malas noticias de las que parecen no reponerse: el dólar en mínimos históricos, el petróleo más alto que nunca y los fondos de inversión en quiebra debido a la crisis de las “subprime”. A todo le sumamos el repliegue del consumo americano.

El tríptico infernal – dólar, petróleo, subprime – sigue barriendo por el planeta. Los mercados lo acusaron sobre todo el jueves pasado. Las bolsas asiáticas mostraron se volvieron a ruborizar: Hong Kong perdió un 4,8%, Tokio un 3,3% y Shangai “palmó” un 2,4%. Luego, las plazas europeas tomaron el relevo: París caía un 1,4% al igual que Londres y Frankfurt. Por fin, la Bolsa de Nueva York y el Nasdaq prosiguieron el movimiento, todos cuesta abajo.

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Los mercados bursátiles reciben muy mal cualquier señal negativa (son pesimistas y conservadores por naturaleza), el dólar sigue en caída libre (el yen nunca estuvo tan arriba en relación al billete verde desde hace doce años y el euro cruzó el límite máximo de 1,56 dólares), el petróleo está en su máximo histórico (111 dólares el barril en Nueva York) y una nueva cascada de empresas en quiebra aparecen en USA.


Como punto de inflexión, la liquidación de Carlyle Capital Corporation torpedeado por la crisis de los préstamos inmobiliarios. Su salida a bolsa tuvo lugar en el mes de julio del año pasado, las acciones salieron a 19 dólares y su última cotización fue de 83 centavos. 330 millones de dólares de capitalización se hicieron humo.

CCC estalla en realidad bajo la presión de las “llamadas de margen”, esos mecanismos que obligan los establecimientos a proporcionar prueba de liquidez frente a los títulos o posiciones que las empresas tienen en un momento dado. Estas “llamadas” comprueban su capacidad para hacer frente a sus deudas. El caso de Carlyle no es único, muchas empresas de capital de inversión están metidas en la tormenta de las subprime.

Se trata de un nuevo síntoma de una crisis financiera que dura y donde alguno más quedará atascado. En realidad estamos en la tercera planta de las subprime, después de los emisores de créditos de riesgo llegaron los bancos no vinculados directamente a estos títulos pero que fueron víctima de la titulación frenética y ahora los fondos de inversión. ¿Y después?

La inyección masiva de liquidez por parte de los bancos centrales no ha sido suficiente para frenar la decadencia de la moneda norteamericana. A ello hay que unir, para colmo de males, la caída inesperada de las ventas en Estados Unidos. Parece que los americanos están delante de la línea roja y esto puede suponer una inversión de ciclo económico a nivel mundial.

Pero no vamos a ser catastrofistas en este primer artículo del blog, todavía hay margen en los tipos de interés. Todavía se puede restar un punto y dejarlos en el 2%. Parece que la actividad americana empieza a estabilizarse y es posible que para después del verano volvamos a presenciar una recuperación de una economía que nos afecta más de lo que quisiéramos. Todo pasa por la renovación del consumo mediante el efecto de las bonificaciones fiscales concedidas por la administración Bush en su plan de reactivación económica. La Casa Blanca hace asalto de voluntarismo sobre la cuestión exhortando a sus conciudadanos a consumir: “Queremos que el consumidor gaste”. Se puede confiar en el largo plazo, porque en el otro lado del Atlántico, el consumo representa dos tercios del crecimiento del país. ¿Para qué creéis que Zapatero nos va a mandar un sobre con cuatrocientos euros?

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