Un pozo sin fondo

El programa de rescate de las entidades financieras hace aguas y los organismos bancarios no descartan una nueva inyección de dinero público para poder cumplir las previsiones.

Euros billetes

La actual crisis financiera ha demostrado que no existe un criterio unánime para afrontar los problemas de la banca. Algunos países han optado sencillamente por dejar caer sus bancos aun a riesgo de comprometer las inversiones de sus conciudadanos, caso de Islandia o, cruzando el Atlántico, de los EEUU con Lehman Brothers. No obstante, la mayoría de países han preferido inyectar dinero público para tapar los agujeros de sus entidades. España y Holanda serían dos ejemplos de este último comportamiento, con Bankia e ING como principales bancos rescatados. Sin embargo, así como la entidad holandesa logró recuperar los beneficios y siguió ganando mercado, los bancos españoles intervenidos están muy lejos de devolver la ayuda prestada.

De entrada, los principales quebraderos de cabeza del Gobierno (Bankia, Novagalicia Banco, Catalunya Bank, Banco de Valencia…) han experimentado una fuerte fuga de capitales y han visto mermado su mercado en beneficio de las entidades más solventes. En el día de ayer nos sorprendía la noticia de que algunos bancos rescatados pueden precisar de nuevas ayudas, convirtiendo un programa de rescate en un verdadero pozo sin fondo. Tanto el Banco de España como el FROB dan por sentada una nueva inyección de dinero público, pasando ahora a estudiar la fórmula que resulte menos comprometedora para el Estado. Descartado un nuevo decreto que obligue a los bancos a mejorar sus provisiones por la oposición que encontraría entre las entidades saneadas, el Ministerio de Economía podría optar por endurecer los requisitos para refinanciarse.

Según se desprende de la información publicada, las entidades rescatadas habrían experimentado un aumento de la morosidad de sus clientes (no así las solventes) y no estarían en condiciones de cumplir con las previsiones para este año. Unas previsiones que, dicho sea de paso, resultaban bastante optimistas habida cuenta del contexto macro económico. Tampoco pueden obviarse los costes de los arbitrajes, en los que se espera que numerosos particulares recuperen gran parte del importe abonado por las participaciones preferentes. Cada vez parece más evidente que dejar caer alguna entidad hubiera sido menos traumático que rescatarla.

Fuente: El Economista.

Foto / FuFuWolf

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