Malestar entre la banca española ante un posible trato de favor a las entidades italianas

Algunas voces del sistema financiero español lamentan las posibles facilidades que los bancos italianos encontrarán para sanearse, en contraste con lo sucedido en España en 2012.

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El próximo 29 de julio, la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) publicará los resultados de las últimas pruebas realizadas a la banca continental, los célebres test de estrés. A pesar de las dudas que plantean siempre estos exámenes (por los malos precedentes de 2011), los resultados marcarán el camino para los mecanismos a adoptar con los bancos que presenten peores balances. Ni que decir tiene que toda la atención está puesta sobre la banca italiana, con fundados temores entre las entidades españolas.

Y es que, a tenor de las declaraciones de altos cargos de Bruselas así como de la forma en que se está abordando el asunto, algunos bancos españoles empiezan a sospechar que sus homólogos italianos podrían recibir un trato de favor. En este sentido, parece que las instituciones comunitarias entienden que hay que evitar un shock como sea y que ello pasa por algún tipo de rescate ‘blando’ para los bancos italianos. Ello es interpretado como un agravio comparativo tras el exigente rescate a la banca española en 2012.

En aquella ocasión, los bancos afectados -que en su mayoría procedían de las fusiones de cajas- tuvieron que comprometerse a importantes ajustes para sanearse (como despedir al 25% de las plantillas) y presentar un elevado estándar de solvencia en poco tiempo. Paralelamente, el Estado español tuvo que comprometerse como avalista para que el dinero llegara a las entidades, con el impacto que ello supuso en las cuentas públicas y las evidentes consecuencias políticas. Además, se barrunta que los bancos italianos podrían precisar una cantidad muy similar a la concedida a España, 40.000 millones de euros.

Con tantos paralelismos, no sorprende que los responsables actuales de la banca española (que poco o nada tienen que ver con los dirigentes que llevaron a la ruina a sus entidades) clamen por la falta de influencia de España en Bruselas. Por supuesto, a todos conviene evitar una explosión financiera que comprometa la salud del sector y de la economía europea. El problema no es el fondo sino las formas.

Vía: Cinco Días.

Foto: © ChiccoDodiFC

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