Piratas ellos

Creer que estás acertado en una idea es muy gratificante. Comprobar que estabas en lo cierto simplemente no tiene precio, especialmente si se trata de cerrarles la boca con la fuerza que aportan los datos a los adalides de la ‘antipiratería’. Aunque en realidad no son más que viejos peces gordos desesperados por no perder la mansión de Miami y el yate en Montecarlo. Poco importa que sea a costa de pasar por encima de millones de personas. En fin, vamos a guardar la indignación para luego y pasemos al meollo del asunto.

piratas

La 'piratería' en la red no ha impedido que las ventas de las industrias culturales francesas decaigan.

La historia de hoy nos sitúa en Francia, país de la luz, de la egalité, la liberté y una de las leyes antipiratería más restrictivas del mundo. Y nada, tanto les motiva la liberté a nuestros vecinos franceses que tú estás tan tranquilamente con tu ordenador haciendo tus cosas, pongamos que tomándote un generoso café au lait en una terraza desde donde se divisan los campos elíseos, los pajarillos cantan y el sol brilla en el horizonte. La France, olalá.

Pues bien, por encima de ti, vigilando la ortodoxia cibernáutica de tus conexiones, está el politburó, el Gran Hermano 24 horas que monitoriza tu actividad y verifica que tú, ovejita insumisa en cercado de lobos, no te salgas en ningún momento del redil. Como se te ocurra pinchar en un programa P2p estás perdido, ni que cliques al icono sin querer. De repente, zasca, recibirás un correo donde se te informará de que «estás descargando archivos protegidos por copyright, y de que en caso de no dejar de hacerlo, se procederá a cortar tu conexión.»

Avisado quedas, colega. Dos más como esa, y te quedas sin Internet, así por las buenas. Sin mediar jucio, ni presunción de inocencia ni nada de nada, que eso vale pasta y estamos en crisis. Te cierran el chiringuito con toda su liberté, y se quedan tan a gusto. Condenado al ostracismo digital indefinido. Esta simpática ley está en vigor desde 2009 y evidentemente ha conseguido reducir la ‘piratería’ en el país galo. A la fuerza ahorcan. Hasta en un 50% desde su implantación, como bien se encarga de ensalzar el informe Hadopi. Caída del 66% en los archivos P2p, 29% menos de visitas a web de enlaces. Tampoco han surgido otros métodos de descarga alternativos. Impresionante.

Con estas cifras en la mano, debemos suponer que la industria cultural y del entretenimiento francesa está viviendo su época más dorada, un fenómeno sin precedentes, algo por demás. Pues no, amigos, tomen asiento que ahora viene lo bueno: no sólo no ha conseguido repuntar, sino que en 2011 los ingresos cayeron un 2,7% en el ámbito de la industria cinematográfica y hasta un 3,9% en el caso de la industria musical. Vaya, ¿pero no era la ‘piratería’ lo que frenaba las ventas y hacía ‘desaparecer la cultura’?

Siguiendo sus mismos esquemas, si con la ley de los tres avisos la industria no ha conseguido remontar, ¿sería lógico concluir que en realidad la ‘piratería’ estimula las ventas? No lo vamos a hacer porque no somos tan perversos como ellos. Claro, me dirá usted, pero está también la crisis… ¿y el año pasado no había crisis? ¿Cómo se explica que aun compitiendo con la piratería, la industria obtuviera mayores beneficios que una vez aplicada la ley?

Pues porque en realidad, la cuestión de fondo es mucho más sencilla y evidente: las nuevas tecnologías han supuesto una revolución en la manera en que consumimos, compramos y compartimos contenidos, y también les ha quitado valor en la medida en que ha facilitado enormemente su reproducción y expansión. Una canción en mp3 vale mucho menos que su equivalente en soporte físico, por más que sea la misma.

Por poner un ejemplo muy ilustrativo: la era digital ha supuesto para cualquier tipo de contenido lo que en su día supuso la imprenta para los libros. Éstos poco a poco dejaron de ser manuscritos valiosísimos para convertirse en un bien asequible y casi de primera necesidad, en tanto que permitían que la educación y la cultura se extendieran a todas las capas de la sociedad, lo que indudablemente contribuyó al progreso. ¿Alguien se imagina a los monjes copistas y demás escribanos del momento presionando a reyes y duques para que prohibieran o limitaran la extensión de la imprenta, con tal de mantener su posición?

Bien, pues justamente eso es lo que se dedican a hacer los del yate y la mansión. Y encima tienen la soberana desvergüenza de calificar de ‘piratas’ a los demás.

Via| Genbeta  Imagen| Niveloculto 

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