La comunicación del futuro: la clasificación facetada

A Shiyali Ramamrita Ranganathan, un matemático indio de principios del siglo XX, se le encargó la difícil misión de ordenar la biblioteca de la Universidad de Madrás y, tomando conciencia de las dificultades del sistema jerárquico tradicional, inventó su propio sistema de clasificación basándose en el análisis y sintetización de los contenidos. Fue el inicio de la clasificación facetada, consistente en organizar los elementos mediante múltiples criterios o facetas.

El proyecto Gnoss es un buen ejemplo de las bondades de la clasificación facetada

Para tratar de entenderlo mejor miramos como clasificamos nuestros contenidos a nuestros medios digitales. Básicamente lo hacemos de dos maneras, habitualmente combinadas:

  • Por categorías (taxonomías, proveniente de la biología): nos permite organizar nuestros contenidos asociados a uno o varios temas principales. Podemos crear diferentes niveles de categorías (subcategorías) bajo una estructura jerárquica. Este sistema se puede volver difícil de gestionar cuando empezamos a manejar un gran volumen de información y la subjetividad de la clasificación podría desorientar al usuario.
  • Por tags o etiquetas (folcsonomías, literalmente «clasificación generada por el pueblo»): cuando gestionamos un recurso lo hacemos añadiendo palabras clave que describen el contenido etiquetado, tratando de resumir a través de los conceptos más relevantes. Las ventajas que da la posibilidad de aplicar ilimitados tags a un solo contenido se pueden girar en contra cuando se hace inviable una supervisión o corrección de las etiquetas empleadas.


Si tenemos claro lo que vamos a buscar y cómo puede estar categorizado o etiquetado no tendremos problema en recurrir a estos sistemas, pero cuando tenemos que utilizar un buscador para ello, la lista de resultados puede ser interminable y no siempre ordenada bajo unos criterios válidos para nosotros. Para evitar que nuestra investigación sea un fracaso, la clasificación facetada nos permite reducir estos resultados a un conjunto cuantitativamente asumible y relacionado cualitativamente con otros subconjuntos para afinar aún más nuestra búsqueda según lo que nosotros decidimos y deseamos.

Para entenderlo, mejor practicar con el ejemplo, y el Proyecto Gnoss nos lo permite. Esta importante red de conocimiento, desarrollada con tecnología semántica (gracias a una correcta estructuración de datos y un potente buscador facetado), ha sido la primera empresa española en conseguir formar parte del Linking Open (LOD) Fecha, un reducido grupo de webs (entre ellas las de la BBC y el New York Times) que conforman la «nube de datos estructurados», probablemente uno de los nódulos de la futura web 3.0. Os la recomiendo.

Muchos se preguntan si moriremos debido a la infoxicación. En este sentido, los medios de comunicación podemos empezar a poner cordura si apostamos por una tecnología que nos facilite organizar nuestros contenidos de una forma más adecuada y flexible y que permita al usuario encontrar y recuperarlos fácilmente. También así conseguiríamos «retenerlos» en aproximarse a otros contenidos que seguramente serán de su interés ya que aparecen según su propio criterio de filtrado.

Cuando debatimos sobre el futuro de los medios a menudo nos preguntamos: ¿cantidad o calidad? Las dos cosas pero sobre todo, bien organizados.

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