Kickstarter, una manera horizontal y abierta de financiación

Vivimos en un mundo de paradigmas extremadamente cambiantes, volátiles, fugaces. Hoy en día es imposible saber cómo funcionarán la relaciones comerciales dentro de unos años y, si algo hemos aprendido de estos años de crisis, es que no hay nada seguro. Mundos alzados con ladrillo y hormigón se desmoronan en un solo día. Mientras, en la red miles de códigos viajan a una velocidad inhóspita construyendo nuevas realidades.

Velocirraptor! Cannibalism! Es uno de los proyectos que expone Kickstarter y que requiere de financiación

Uno de los grandes problemas en una economía estancada como la de hoy es la falta de crédito para poder sacar adelante proyectos. Sin dinero, las las ideas pueden fluir pero no plasmarse. No hay inversores, los bancos se lo han tragado todo, la financiación se convierte en una auténtica odisea que deja a muchos Ulises en las mismas arenas de Troya, sin comenzar su viaje.

Pero las crisis también ofrecen oportunidades a quienes sean capaces exprimir su imaginación. Lo único bueno de un mundo que se ha quedado en blanco es que no hay nada escrito en él, y ofrece un millón de nuevas líneas para quienes sean capaces de estrujar su talento. Así apareció Kickstarter, una empresa que promueve la financiación de pequeños proyectos por parte de todo aquel que desee participar.

Esta web actúa de intermediario entre un sinfín de inversores anónimos que aportan una cantidad para que el proyecto se lleve a cabo. A cambio no se devuelven beneficios y los derechos de la obra pertenecen completamente al creador, pero sí se dan ciertos privilegios, como disfrutar del producto antes que nadie o algún obsequio acorde con la cantidad aportada. Es, en definitiva, un sistema de microdonaciones que permite una manera de financiación mucho más horizontal de la que estamos acostumbrados, sin jerarquías ni dependencias.

Por ejemplo, un señor X quiere desarrollar un juego, para lo que necesita 40 000 dólares. Se establece una cantidad mínima de colaboración (sueles ser un dólar) y un plazo máximo de 90 días para alcanzar la cifra solicitada. Si en ese plazo se llega a la cantidad, el proyecto se llevará a cabo y los colaboradores (sean los que sean) recibirán un regalo o ciertos privilegios. Si no se llega a la cifra requerida, el proyecto se declara nulo, a los inversores no se les retirará 5% del total de las colaboraciones.

El método ha sido un éxito en Estados Unidos. Cada día se financian desde la creación de videojuegos, documentales o cómics. La saga de juegos Wasteland pudo revivir gracias a estas microdonaciones. Es más, algunos de los proyectos doblan e incluso triplican el presupuesto solicitado. De momento Kickstarter se mueve en el campo de la innovación tecnológica pero con su aparición ha abierto la puerta a un nuevo sistema de inversión que puede cambiar para siempre industrias tradicionales como la de la música o el cine.

Hay algo de revolucionario en Kickstarter, algo que voltea algunos de los principios más asentados del sistema económico y que permite una concepción más horizontal y democrática del mundo.

Fuente | Genbeta El País

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