FreeBSD, una alternativa a Linux que abraza desde los servidores hasta los desktop

El nuevo logo de FreeBSDEs tal vez junto a Solaris/OpenSolaris la segunda opción detrás de Linux en el ecosistema de los Unix, y uno de los preferidos para grandes servidores y entornos donde abundan las soluciones de virtualización. Se trata de FreeBSD, un sistema cuya historia se remonta a 1993.

Siempre más críptico y arisco que su primo-hermano del pingüino, FreeBSD (que por cierto tiene como mascota a un pequeño demonio de color rojo) ha tenido menos impacto a nivel de usuario final pero también es cierto que es muy conocido a nivel del informático profesional y, excepcionalmente, en los centros de datos.

Sus principales virtudes se resumen en una estabilidad a prueba de bombas y a una seguridad extremadamente alta que comparte con el resto de componentes de la familia BSD, NetBSD y OpenBSD, aunque sin llegar a los extremos de éste último que ha sido prohibido en varias convocatorias de concursos de hacking por ser virtualmente invulnerable, y que aún hoy detenta el récord de ser el sistema operativo con una instalación por defecto sin errores explotable remotamente conocidos durante más tiempo; y no hablamos de días, semanas o meses, si no de años, un lapso de tiempo asociado con una eternidad en términos de tecnología.

Sin llegar, pues, a los niveles de paroxismo de su primo OpenBSD, la seguridad de FreeBSD ha sido calificada por muchos incluso como mejor que la de Linux, de aquí que sea uno de los favoritos para montar un servidor web o de correo electrónico, y que los grandes sistemas servidores y software de virtualización proporcionen soporte para él cuando no es habitual que lo hagan con otros sistemas más desconocidos.

Existe una distribución oficial de FreeBSD, que en el momento de escribir estas líneas se encuentra a caballo entre las versiones 6 y 7. Esta distro (pese a que en el entorno BSD se llaman forks a lo que en Linux se conoce como distribuciones) posee todo lo necesario para ser multifuncional, siendo válida para su instalación desde un servidor hasta un entorno de escritorio, pues dispone también del entorno KDE y es modular, pudiendo prescindir de él y trabajar solamente en línea de comandos.

Pero si lo que queremos es «atacar» a este sistema operativo desde cero para probarlo y evaluarlo, tal vez lo mejor es que empecemos por alguna versión que nos simplifique esta tarea, ya que -y no lo digo sólo yo, si no que es una opinión compartida con muchos expertos- el proceso de instalación del sistema no es lo que podríamos calificar precisamente como para novatos.

PC-BSD puede solucionarnos esta papeleta. Tan simple de instalar como cualquier gran distribución de Linux o un Windows, está basado en FreeBSD pero con la adición de las herramientas necesarias para ser un perfecto, seguro y estable desktop. Además, ha tomado prestada la idea base del CNR de Linspire/Freespire de proporcionar un conjunto de aplicaciones instalables de una forma muy simple, olvidando dependencias y otros métodos que requieren retocar ficheros de configuración o recompilar el programa, que a veces son simples pero asustan al usuario final sólo con verlos. En el caso de PC-BSD, este sistema de paquetes se llama PBI.

La disponibilidad de software en el sistema PBI es amplia, pese a que las diferentes ramas de BSD siempre han ido un paso por detrás de Linux en ports de las aplicaciones de escritorio.

En su versión 1.4, además, PC-BSD incluye también los drivers propietarios de las tarjetas de vídeo ATI, con lo que se encuentra a punto para lidiar con la más moderna tecnología de aceleración por hardware.

Para aquellas empresas que puedan tener desarrollos hechos a medida en Linux u otros Unix, deben pensar que FreeBSD (como cualquier otro BSD) es al tiempo también un Unix, por lo que la migración y adaptación de cualquier software es relativamente trivial.

En definitiva, FreeBSD es un sistema operativo altamente confiable y que nos puede suponer una alternativa incluso al clásico alternativo por excelencia: Linux. Con sus virtudes y sus defectos (aunque desengañémonos, más de los primeros que de los segundos) se encuentra cada día más accesible gracias a iniciativas como PC-BSD.

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