Víctor Jara o la trágica historia de la canción protesta

Víctor Jara fue un cantautor chileno que llevó la canción protesta hasta sus cotas más altas. Murió por una idea. Fue detenido, torturado y asesinado por las fuerzas de Augusto Pinochet mientras tenía lugar el golpe de Estado de 1973. Fue, junto a Salvador Allende, presidente del gobierno chileno por aquel entonces y también asesinado, la víctima más destacada de la dictadura de Pinochet. No fue hasta el 2009 cuando se le hizo justicia a su muerte.

La historia de Víctor Jara terminó de forma trágica un 16 de septiembre. Su origen humilde –pertenecía a una familia de campesinos– nunca se separó de él, convirtiéndolo en uno de los estandartes de la canción protesta de los años setenta y en uno de los cantautores chilenos más reconocidos a nivel internacional. Militante del Partido Comunista de Chile, el golpe de Estado protagonizado por Augusto Pinochet en 1973 se lo llevó por delante. Fue torturado, le cortaron los dedos y la lengua; luego, humillado, le pidieron, una vez mutilado, que cantase alguna canción; y finalmente, ejecutado. A Jara lo asesinaron.

Nacido en San Ignacio en 1932, Víctor Jara se inició en el mundo de la música formando parte del coro de la Universidad de Chile, donde participó en el montaje de Carmina Burana. A los veinticinco años entró en el grupo folclórico Cuncumén, donde coincidió con Violeta Parra, otro estandarte de la canción protesta. El primer álbum grabado con el grupo incluía dos canciones de Víctor Jara: Paloma quiero contarte (el primer tema que compuso) y La canción del minero. Sin embargo, el grupo que le dio a conocer mundialmente fue Quilapayún. Con esta banda trabajó entre los años 1966 y 1969. Luego continuó su carrera en solitario, componiendo temas que pedían a gritos la paz mundial, como El derecho de vivir en paz. Sus ocho discos de estudio fueron los siguientes: Víctor Jara (1966), Canciones folclóricas de América (1967), El verso es una paloma (1967), Ponto en tus manos abiertas (1969), Canto libre (1970), El derecho de vivir en paz (1971), La población (1972) y Canto por travesura (1973).

Sin embargo, su carrera artística no estuvo únicamente ligada a la música. Víctor Jara también fue director de teatro, encargándose de las adaptaciones y montajes de obras de Sófocles (Antígonas), Maquiavelo (La mandrágora) o Alejandro Sieveking (Parecido a la felicidad o Ánimas de día claro, entre otras).

Sin duda, el papel más decisivo que jugó Víctor Jara fue el de defensor de la paz. Desde siempre fue considerado como un icono antibélico, participando en conferencias, protestas y programas televisivos contra la guerra (la de Vietnam) y el fascismo. Precisamente, la garra de este régimen político nos lo arrebató.  En 2009 se celebró el juicio sobre su muerte. Entonces se determinó que el fallecimiento del cantante fue causado por el impacto de las balas. Los culpables del crimen han sido encarcelados.

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