Un nuevo escenario para el mercado financiero

La crisis financiera actual ha calado tan hondo que sin duda alguna afectara el futuro del negocio financiero, reestructurandolo de manera que haga mas confiable y seguro.

De manera casi que repetitiva en la historia de la humanidad, la vida está premiando a quienes fueron conservadores y cuidadosos, frente a quienes decidieron ser ambiciosos y ganar mucho más. Después de las bancarrotas de Lehman Brothers y Bear Stearns, juntó con la compra de Merrill Lynch por parte del tradicional Bank of America, parece haber un consenso en el mundo financiero de que las cosas van a cambiar para siempre.

El asunto es que el rentable negocios de las firmas de valores que están cerrando se basaba en tomar grandes riesgos que les generaban inmensas ganancias, obligándolos a asumir pérdidas ocasionales, las que cuando se contabilizaban con sus inmensos ingresos, no lograban afectar sus contabilidades. Y es que en los últimos días el mundo entero ha visto cómo el gobierno norteamericano tomó el control de dos grandes firmas hipotecarias, Fannie Mae y Freddie Mac, olvidando por completo los postulados librecambistas que siempre promulgó el sector financiero norteamericano.

En ese mismo sentido, fue también notorio el acercamiento en toco casi de súplica que Wall Street tuvo con la FED para que ésta tuviera compasión con sus empresas y recortara la tasa de interés, algo que el organismo regulador no hizo, manteniendo el precio del dinero en los niveles de antes a la crisis.



El asunto tuvo su inicio en 1999, cuando Wall Street logró después de muchas luchas que se derogar la ley Glass-Steagall, lo que le permitió evolucionar de ser unos meros bancos comerciales, a participantes activos en la banca de inversión, permitiendo que la banca entrará en el negocio de valores, siendo de ahora en adelante competidores directos de las recién entradas en crisis Merrill Lynch y Bears Stearns.

Claramente los negocios demostraron ser mucho más rentables, los accionistas les entraban jugosas ganancias y todo parecía andar muy bien; pero todo esto se daba al costo de que ahora las empresas mantenían un número mayor de negocios que era mucho más complicado de manejar.

El asunto era, tal y como lo explican de manera muy concisa Carrick Mollenkamp y Mark Whitehouse del Wall Street Journal, en que “en lugar de ganar dinero captando depósitos a tasas de interés a corto plazo y conceder préstamos a tasas más altas a largo plazo, los bancos crearon una estructura que hacía esencialmente lo mismo. Establecieron fondos especiales, conocidos como canales y vehículos de inversión estructurados (SIV por sus siglas en inglés) los cuales tomaron prestado dinero en el mercado de papeles comerciales y compraron valores agrupados con los préstamos. Las firmas de valores y los fondos de cobertura también entraron en el juego, creando y comprando bonos que contenían prestamos corporativos e hipotecarios. Sin acceso a los depósitos las firmas de valores y los fondos de coberturas se dirigieron a otros mercados para pedir dinero. Toda la actividad e innovación ayudaron a los bancos a alcanzar un nuevo nivel de rentabilidad después de varios años de vacas flacas…pero recurrieron a altos niveles de endeudamiento para conseguir tales retornos.”

Hoy en día, el sistema financiero que se había venido gestando de esa manera entró en una crisis estructural con la quiebra de los bancos y la mayor caída en los índices bursátiles del Dow Jones, desde el ataque terrorista del 11 de septiembre de 2.001.

No obstante, la situación y a pesar de lo grave de lo anterior, la situación no parece ver aún la luz al final del túnel, puesto que el gigante financiero AIG parece ser el próximo en declararse en bancarrota. Seguramente para cuando este escrito sea publicado, AIG ya se haya declarado en quiebra, puesto que su tarea es la de conseguir 85.000 millones de dólares al día para sobrevivir. Y el problema con la quiebra de esta multinacional, que sería la última víctima que arrasaría la crisis hipotecaria en los Estados Unidos, tendría la dramática consecuencia de que tocaría de manera más profunda al resto de la economía.

En ese sentido, es muy correcta la situación que debate el gobierno estadounidense en cuanto a su intervención en esta crisis, para que con dinero de los contribuyentes se logre subsanar la actual situación que se vive en el mundo financiero. El Departamento de Tesoro, por otra parte, no ha dado muestras contundentes sobre cuál será el papel que tomé en este sentido: después de intervenir en Bears Stearns con una impresionante suma de capital de 29.000 millones de dólares, se quedo impávido viendo como Lehman Brothers entraba en bancarrota.

En ese sentido, es bastante paradójico que sea en el centro mundial de las finanzas, cumbre del capitalismo salvaje y que pide por la mayor libertad en la economía, en donde se solicite con mayor fuerza la intervención estatal como mecanismo de ayuda para salir de la crisis. Existe dos posiciones dominantes en el momento actual, sobre sí dejar que el mercado castigue a Wall Street y deje que las quiebras arrasen con los bancos, como castigo por sus inmensos excesos; o por el contrario evitar que la crisis se extienda a un mayor número de personas y sectores de la economía, por lo que la intervención sería lo más deseable.

Teniendo en cuenta el inmenso costo que sería para el gobierno norteamericano salvar a todas las instituciones financieras que están enfrentando y enfrentarán una crisis, es casi seguro apuntar que las intervenciones del Departamento del Tesoro no serán suficientes para solucionar el problema que se avecina. No parece ser que el gobierno no quiera solucionar la crisis, sino que se ve imposibilitado a hacer algo por la inmensidad de la misma.

Lo más lógico pareciera ser que el mercado financiero mundial se ajuste de manera radical en los próximos años hacia un modelo más tradicional, teniendo en cuenta que en la actual coyuntura, el Bank Of America, Wells Fargo & Co, Deutsche Bank AG y el Banco Santander, quienes mantuvieron el centro de su negocio en la tradicional manera de captar depósitos y construir redes de sucursales, son los que se mantienen a flote en medio de una hundimiento general del sistema financiero estadounidense.

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