Umberto Eco y el antisemitismo moderno

Treinta años han pasado ya desde que el escritor italiano Umberto Eco confeccionase la que sería su primera novela de ficción: El nombre de la rosa. Mucho ha llovido desde entonces y algo ha cambiado el genial escritor, que a sus 78 años se confiesa mucho más pesimista que antaño. Quizá por ello El cementerio de Praga, como se llama su último libro publicado por Lumen, gire en torno a un personaje francamente nefando hasta rozar la caricatura, un misántropo por excelencia que odia a las mujeres, a los masones y a los jesuitas. Sin olvidar su rechazo directo hacia los judíos, ya que el antisemitismo es el motor y tema central del texto.

Umberto Eco tiene nuevo libro de ficción / Getty Images

El escritor, ensayista y librepensador se encuentra en estos momentos en España para presentar el que (vaticinamos) será uno de los libros más vendidos de estas navidades junto con Sunset Park, de Paul Auster y El sueño del celta, del Nobel Vargas Llosa. En Italia ya se han vendido unos 600.000 ejemplares en tan sólo un mes, 100.000 de los cuales fueron adquiridos después de que el periódico de El Vaticano, l‘Obsservatore Romano, vapuleara a Eco debido a la mala imagen que éste daba de los jesuitas, insinuando que el antisemitismo del libro podía dar lugar a confusiones entre realidad y ficción. Para componer el relato y dar fuelle a la historia antisemita de occidente desde el siglo XIX hasta Hitler, Eco se ha basado en los conocidos textos de los sabios del Sión, publicados en 1903 en la Rusia zarista. El mismo documento que inspiró al Nacionalsocialismo en sus tesis antisemitas. Los Protocolos de los sabios de Sión fue un documento que The Times declaró falso en 1921, pero que aún así sirvió a Hitler para alimentar su barbarie nazi.

Umberto Eco nos dice que las ideas pueden ser adulteradas partiendo de su propio protagonista, el capitán Simone Simonini. Un espía y falsificador que según las investigaciones del propio escritor, habría falsificado los Protocolos. Como de costumbre, Eco utiliza la ficción para luego alimentarla con una cuidada base histórica: en El cementerio de Praga, todos los personajes son reales… desde el propio Simonini hasta Sigmund Freud,  Giuseppe Garibaldi o el escritor Ippolito Nievo.

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