Regalar experiencias, el salvavidas para Reyes

Hacer un regalo a un niño es bastante fácil. Entre otras cosas, porque con meses de antelación ya le pasamos el catálogo de la juguetería para que lo llene de cruces y podamos empezar las compras antes de que el muñeco de moda se agote. Pero, ¿qué pasa cuando crecemos? Hacernos regalos entre adultos, sin Reyes de Oriente de por medio, también es habitual en estas fechas. Sin embargo, no es fácil. Unos no saben qué pedir y otros no saben qué comprar. Y por el medio se interpone, a menudo, el tema intergeneracional. Para una abuela, hacerle un regalo a su nieta veinteañera es todo un reto que a menudo acaba por delegar en los demás.

Las hay para los más osados, pero también para los más tranquilos

Pero el mercado se reinventa y tiene respuesta para todo. A las tiendas de regalos tan curiosos como inútiles se le sumó, no hace mucho, una iniciativa a destacar. Se trata de regalar experiencias, una idea que se ha popularizado sobre todo mediante las famosas Smartbox.

¿Qué es una Smartbox? Primero de todo, un gran salvavidas. Una caja que nos anuncia en su interior una experiencia concreta: tratamientos de belleza, sesiones de spa, un día de diversión en familia, escapadas románticas, degustaciones, aventuras… Tan variado que no es necesario conocer los gustos del obsequiado, pero tampoco su disponibilidad de fechas. Nosotros le regalamos la experiencia y él pone todo lo demás. ¿Que le regalamos una aventura? Él decide si se trata de rafting o puenting, si la vivirá en Madrid o en Barcelona, si la aprovechará en Semana Santa o en verano. Entre las 33 Smartbox que hay en el mercado suman un total de 7.000 propuestas a escoger. Imposible no encontrar una que agrade. Y, si no lo hacemos, le echamos un vistazo a otras cajas de nombre distinto. A la precursora ya le ha nacido competencia de sobras para complacer todos los paladares.

Existe un solo inconveniente aparente. Lo de regalar experiencias suena, a priori, bastante caro. Y sí, las hay de caras, lógicamente. Pero el precio de partida son 24,90€, un impote bastante asequible por el cual nuestro obsequiado puede asistir a una degustación de vino o relajarse en un balneario urbano. Si queremos algo más cool, nos costará más dinero. Depende de lo que busquemos. Sea como sea, es una gran oportunidad para invitar a los que nos rodean a disfrutar de alternativas de ocio que a menudo uno por si mismo no contempla.

Este recurso tan sencillo y polivalente ya ha salvado a día de hoy miles de cumpleaños y efemérides varias. ¿Aún te falta aquel regalo tan difícil de decidir? Siempre puedes tirar de esta opción. A no ser, claro está, que tu obsequiado sea un ser sedentario.

Foto: Rafting in River Struma por Klearchos Kapoutsis en Flickr.com.

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