R.I.P., el nuevo cómic de Felipe Almendros

Felipe Almendros nos presenta, después de Pony Boy y Save Our Souls, su tercera obra, RIP (Rest in Peace), publicada a través de Random House Mondadori, a través de un dibujo infantil, imperfecto, de perspectivas dudosas, y tirando a «feo», pero que nos atrapa por su voluntad imaginativa. RIP (Rest in Peace) es bello desde este punto de vista, y permite reflexionar sobre estética. Y ello dirá mucho a favor de la nueva obra de un barcelonés de 31 años que confiesa no haber leído muchos cómics, y que, de hecho, la afición al noveno arte le parece incluso muy freak.

Rest in Peace nos desnuda los sentimientos de su autor

Rest in Peace nos presenta a un protagonista (el mismo autor) deshecho por la repentina muerte de su padre. Huérfano de madre, y ahora de padre, los problemas a menudo vienen acompañados, y así le sucede a Felipe. Su hermana tiene cáncer, y necesita una transfusión de médula de su hermano, donante compatible. El cómic, estructurado sin la viñeta clásica, porque Almendros dibuja en una página en blanco diferentes situaciones, separadas entre sí, y es el lector quien sigue de forma lógica un orden no indicado pero existente, no penetra en ningún momento en la pena ni la misericordia, sino que se adentra en la honestidad de la vida del autor, quien a través de la obra se desnuda, mostrando sus sentimientos de forma sencilla y directa.

Almendros narra el realismo, el surrealismo y el subconsciente a través del yo, el superyo y el ello, constatando una profundidad emocional que contrasta con el aspecto formal del cómic. Son importantes en la historia la ausencia de padre y la falta de autoestima por haber adquirido una debilidad tal vez proveniente del hecho de no haber tenido una figura paterna. También el desequilibrio provocado por una madre depresiva, el dolor por la enfermedad de su hermana, y la impotencia para ser incapaz de encontrar una solución y sobreponerse a los problemas y no dejarse superar por las circunstancias de la vida, dan forma, color y dolor en una historia en la que encontramos gotas del universo de Kafka o Freud, y donde no faltan el onirismo y psicodelia propios de una historieta barroca pero a la vez minimalista y precisa.

El autor rompe de forma radical con la historieta clásica, con la estructura formal, y quizá, con él mismo, en una obra alucinógena donde el lector lo acompaña en su descenso a los infiernos de las dudas, angustias, miedos y pesadillas que el ser humano encuentra cuando la vida nos pasa por encima y no tenemos a mano, como es el caso de Almendros, los recursos y la inteligencia emocional necesarios.

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