La prohibición del nudismo en Barcelona desata la polémica

El nudismo es una opción  a la que se acogen muchas personas hoy en día. Además de una manera de conectar con el medio que les rodea, los nudistas establecen una filosofía de vida propia, que en  muchos casos ven amenazada por los reglamentos de algunos ayuntamientos, que no reconocen el derecho de ir desnudo en sus ordenanzas públicas. ¿Quién establece dónde y cómo ir desnudo? ¿Viola el nudismo algún reglamento de urbanidad? ¿Se puede practicar el nudismo en todas las playas? Estas son algunas de las preguntas que se plantean en el seno del debate cuando el nudismo se pone sobre la mesa. Para unos, un improperio a las buenas maneras; para otros, una muestra de naturalidad. Pese a esa frase que dice aquello de que el derecho de uno acaba cuando empieza el del otro, lo cierto es que cuando se habla de nudismo nunca llueve al gusto de todos.

¿Se puede lograr la convivencia?

La última noticia nos llega de las modificaciones realizadas en la ordenanza de civismo del Ayuntamiento de Barcelona. Según se recoge en Europa Press, Barcelona veta cualquier posibilidad de nudismo o seminudismo en sus calles. Algo que, como era de esperar, no ha gustado al colectivo. Desde la Federación Española de Naturismo (FEN) se ha comunicado que se recurrirá esta medida ante el mismísimo Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC). Para FEN, el Ayuntamiento «no dispone de habilitación legal para intervenir en la actividad de los particulares para obligar al uso de determinadas prendas de vestir en las playas o zonas públicas del municipio«. Se basan en la Ley Orgánica 5/1988, donde se abolía el escándalo público como delito y las multas por quedar desnudo en las playas.

Para el Ayuntamiento, aquellos viandantes que hagan vida despojados de sus ropajes, cometen una infracción leve, por lo que serán sancionados si se niegan a vestirse previo aviso de la Guardia Urbana. Una multa de 300 a 500 euros será el precio a pagar por aquellos que anden desnudos por la vía pública. El precio se rebaja para los llamados ‘semidesnudos’. Esto es, aquellos que se paseen en traje de baño o prensa similar, que deberán abonar entre 120 y 300 euros. Una medida que viene a truncar el que hasta la fecha era uno de los santuarios en lo que respecta al nudismo en España, sobre todo debido a sus playas y espacios consagrados a este tipo de práctica.

Algunos denuncian ya que la Guardia Urbana, desde que se prohibiese el nudismo hace dos meses, se encuentra multando a quienes se bañan desnudos. Algo que contrasta con la tradición nudista de determinadas playas. No sabemos hasta qué punto se notará la aplicación de esta nueva ordenanza, pero lo cierto es que lo principal es que nadie se sienta excluido de las playas. La libertad de cada uno se acaba donde empieza la del otro pero, a falta de consenso, habrá que intentar que todas las libertades puedan desarrollarse en paralelo.

Foto por GregNotCraig en Flickr

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