Preguntas con o sin respuesta ante la posible independencia escocesa

El triunfo del ‘SÍ’ en el referéndum dibujará un complejo panorama económico en el que las dudas superan con creces a las certezas.

escocia

A medida que se acerca el 18 de septiembre, fecha del referéndum sobre la independencia de Escocia, la inquietud se va apoderando de los principales círculos políticos y económicos internacionales. El estrecho margen de ventaja que las encuestas conceden a los unionistas (el último sondeo muestra que el ‘NO’ ganaría con el 52% de los votos) pone de manifiesto que el resultado final puede decantarse para cualquier lado. Llegados a este punto, los interrogantes sobre el futuro de Escocia y Europa son notables.

En primer lugar, una eventual independencia sacaría a Escocia de todos los tratados suscritos por Reino Unido, entre ellos la OTAN y la UE. En consecuencia, el nuevo país debería iniciar los trámites para su adhesión como cualquier otro Estado, teniendo presente que los plazos suelen dilatarse mucho en el tiempo. Escocia sí que podría solicitar su inclusión en el espacio Schengen, mucho más rápido, así como firmar acuerdos bilaterales con cualquier país. Esta salida mitigaría parcialmente el negativo impacto que tendría salir del marco común europeo. El escenario económico es más complejo.

A pesar de que las autoridades escocesas hayan reiterado que sus ciudadanos seguirían utilizando la libra esterlina, desde Londres se niega tajantemente este extremo. De confirmarse la permanencia de su actual divisa, la sujeción a los mandatos del Banco de Inglaterra mermaría la autonomía financiera de Escocia. Por el contrario, de prohibirse el uso de la libra, el país británico podría seguir utilizando esta moneda al margen de cualquier banco central, perspectiva poco tranquilizadora para los mercados. Además, las economías pequeñas son las que más necesitan una divisa fuerte.

Una tercera vía pasaría por la adopción del euro, lo que tardaría en materializarse. Entretanto, Escocia debería servirse de una moneda propia, posibilidad que los líderes nacionalistas tratan de evitar como sea. Como puede verse, la cuestión monetaria es la que más dudas suscita en lo que al futuro de la economía escocesa se refiere. Paralelamente, entidades de la talla de Lloyds Bank o Royal Bank of Scotland han anunciado que trasladarían sus sedes a Londres.

Vía: Libre Mercado

Foto: Steve Hodgson

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