Obama Y La GM.

La posible quiebra de la GM ha colocado a un fuerte debate entre el presidente electo y el actual sobre la manera de actuar sobre la misma, pero también ha demostrado sus ideales opuestos.

Primero lo primero: la situación de la General Motors, una de las empresas insignias de los Estados Unidos, está pasando por una de sus peores etapas. La acción del gigante automotriz ha caído a su nivel más bajo en noviembre desde el año 1.946, está a punto de quedarse sin efectivo y muy seguramente entre en las leyes de protección de bancarrota.

Los datos son verdaderamente preocupantes: GM tuvo pérdidas de US$2.500 millones, ha reducido sus reservas de liquidez en US$6.900 millones, la misma empresa ha dicho que está urgida por un monto que se acerque a los US$14.000 millones para mantenerse a flote, lo que es más grave sí recordamos que el momento en el que necesita semejante cantidad de dinero el sistema financiero mundial no está prestando dinero.

Teniendo en cuenta esta situación, el analista del Deutsche Bank Rod Lache, en declaraciones al diario The Wall Street Journal, comentó que «sin la asistencia del gobierno, creemos que el colapso de GM será inevitable y que precipitaría un riesgo sistémico que sería difícil de superar por parte de las automotrices, los proveedores, minoristas y otros sectores de la economía estadounidense».



Como una muestra del acierto del analista, es de anunciar que la aseguradora de crédito Euler Hermes, eliminó la protección de seguro a varias compañías proveedoras del gigante del automovilismo, pues se tiene miedo que estas no puedan pagar sus cuotas, dada la baja demanda que se espera a futuro. Los anuncios no han podido ser más catastróficos para la compañía, puesto que ha tenido que sufrir inmensas pérdidas de valor de la misma. Un ejemplo de lo anterior es que la multinacional perdió en un sólo día US$2.670 millones del valor de su empresa en bolsa.

La empresa perdió US$2,26 de cada acción, después de varios reportes pesimistas sobre la empresa, y que la misma anunciará que a futuro se encontraría en muchas dificultades para cumplir con su deuda, lo que le permitiría a los acreedores cobrar la totalidad de la misma, que es por un monto de 6.000 millones de dólares, algo que sólo podrá conseguir por medio de un préstamo o por la venta de activos. Cualquiera de las dos opciones se ve fuertemente limitada por las situaciones del mercado actualmente.

Frente a esta preocupante situación, es natural y lógico que el aparato representativo del Estado de Michigan, que tiene la característica de albergar a las tres grandes productoras de autos, GM, Ford, Chrysler, le hayan pedido a Henry Paulson que use parte de los 700.000 millones de dólares del rescate financiero, para el salvamento de la empresa. Como respuesta, el gobierno de turno ha dicho que no utilizará esos montos destinados a los banqueros, sino que acelerará los US$25.000 millones que el Departamento de Energía planea prestar para la conversión a autos más eficientes.

Para el presidente de la compañía, Rick Wagoner, lo que la empresa necesita con mucha urgencia es una inyección de capital, ya sea por medio del rescate financiero o de un préstamo. Como contraprestación a esa ayuda, la compañía entregaría acciones preferenciales al gobierno, mantener un límite a los salarios de los ejecutivos y, por último, acelerar el cambio hacia unos carros más eficientes en el uso del combustible.

Muy evidente es que la última propuesta de la compañía va dirigida directamente al presidente electo, Barack Obama, quien tiene como una de sus más importantes estrategias de campaña la eficiencia energética; y no al actual presidente, quien tiene fuertes y comprobados lazos con los más grandes emporios petroleros del mundo. Y la verdad es que el asunto muy seguramente se desenvolverá en el gobierno demócrata, quien ha sido claro a la hora de dar su apoyo a la empresa, aunque no ha dicho cómo. El miedo claro está, es que la empresa no llegue a durar hasta el 20 de enero, dado que el gobierno Bush se ha mostrado muy reticente a la hora de ayudar.

Frente a esto, es de decir que claramente no hay una idea de cómo hará el presidente elegido para solucionar el problema. Lo único que ha dicho es que se debería aprobar la petición de los representantes de Michigan, quienes pedían la entrega de un porcentaje de los US$ 700.000 millones, algo que la presidenta de la Cámara de Representantes apoya, dado que ha dicho que impulsará un proyecto de ley que le permita al presidente Bush usar una porción de dinero en ese sentido. Hasta hoy, el presidente en ejercicio ha dicho que el uso del dinero en ese sentido es algo imposible, dado que la ley no lo permite.

En ese sentido, se demuestra de nuevo las dos idiosincracias de cada uno, tan entregadas y distantes, como verdaderamente opuestas. Para Bush, el dinero del rescate debería centrarse en los bancos exclusivamente, mientras que para Obama, una suma de esa cantidad debería destinarse a las empresas del sector real. Los demócratas piden una fuerte cantidad de dinero para inyectarse en la economía, mientras que los republicanos quieren que se acelere un Tratado de Libre Comercio con Colombia, como medida de política exterior que podría ayudar a mejorar las ventas de la empresa.

Es evidente que Obama debe actuar con mucha celeridad, puesto que los tres millones de desempleados que la quiebra de estas grandes compañias contraería, serían un elemento muy complicado y con grandes repercusiones en lo que le quedaría de gobierno. El problema con él, por otro lado, se encuentra que para los ciudadanos del común, GM no es una empresa que merezca ser rescatada, que tienen cada vez menos participación en el mercado y en el portafolio de los inversionistas. Por otro lado, hay sospechas de que la empresa está falseando sus informes financieros, dado que al tiempo que avisa que está quebrada, planea hacer inversiones multimillonarias en China.

Es bien recibido el aporte de Obama al rescate que se viene desarrollando en los Estados Unidos, puesto que era evidente que tarde o temprano las consecuencias de la crisis financiera habrían de impactar en el sector real. La cantidad de recursos que se van a usar para el sector financiero, causante de esta crisis, deben también repartirse entre las empresas del país, quienes son víctimas de las misma.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...