Los Ricos También Lloran

Como un efecto más de la crisis que azota por estos días al mundo, la temporada de subastas en Nueva York ha visto afectado su normal desempeño, al notarse importantes síntomas de inseguridad entre los compradores y vendedores de las obras más cotizadas. Y es que así como el empleo, lo bursátil y el PIB se sientes disminuidos por una crisis, las grandes obras de arte, que funcionan como un mecanismo de ahorro, se ven desvaloradas por el momento en el que vivimos.

Como un efecto más de la crisis que azota por estos días al mundo, la temporada de subastas en Nueva York ha visto afectado su normal desempeño, al notarse importantes síntomas de inseguridad entre los compradores y vendedores de las obras más cotizadas. Y es que así como el empleo, lo bursátil y el PIB se sientes disminuidos por una crisis, las grandes obras de arte, que funcionan como un mecanismo de ahorro, se ven desvaloradas por el momento en el que vivimos.

Salir a vender una obra en estos momentos es algo muy arriesgado, puesto que dada la actual situación que se vive, lo más seguro es que se venda a un precio menor por el que la obra está cotizada. Sumado a lo anterior, es notorio ver que en los momentos de más pánico económico, los adinerados prefieren depositar su dinero en obras que no sean tan cotizadas, pero que pueden mantener un precio menos volátil que las grandes obras de arte.

Un ejemplo de lo anterior se presentó en la casa de subastas Sotheby’s, quien tenía estipulado vender la obra de arte de Pablo Piccaso Arlequin, por la que se esperaba tener un precio de entre 30 y 33 millones de dólares, pero que fue retirada a último momento porque se esperaba que se terminara entregando por un precio mucho menor. No obstante, la situación no fue para nada desentrañable, dado que obras como Vampiros de Edgar Munich o Composición Suprematista de Casemiro Malevich lograron precios de ventas mejores de lo esperado, incluso llegando a una cifra tan espeluznante como la de que se pagó 60 millones de dólares por un cuadro.

La casa de subastas Christie’s ha dejado de vender dos obras en su última subasta, incluso con un escenario tan favorable para los compradores, como es el que hayan tenido que tener precios de salida mucho más bajos que en los últimos seis años. Como muestra de que lo que pasó en Sotheby’s no fue algo absolutamente extraordinario para nuestros días, también en está casa de subastas la obra pintor Picasso Arles: Les arènes devant le Rhone, tuvo que ser retirada de la oferta.


Como una muestra más del alcance mundial que esta crisis está teniendo, la situación que se vive en las subastas de Hong Kong y Londres no se escapan a esta coyuntura. Para diciembre 10 de esta año, la casa de subastas Christie’s en su tienda de Londres piensa subastar “un diamante azul de 35.56 quilates regalado a la infanta Margarita Teresa de Austria (1651-1673) por su padre, el rey Felipe IV de España, será subastado el próximo 10 de diciembre por la casa Christie’s en Londres”, tal y como lo menciona el periódico el mundo de España, según información de la agencia de noticias EFE.

Según la misma fuente de noticias, se espera que el precio alcanzado por la pieza sea de alrededor de los 11,5 millones de euros, cantidad que parece muy lejana de poder alcanzar, más si se tiene en cuenta los últimos acontecimientos.

El asunto en esta situación es muy claro. En momentos de inmensa falta de liquidez mundial, los dueños de estos grandes activos físicos buscan la liquidez necesaria para reemplazar el faltante que tiene el mercado. Por otro lado, las personas con importantes cantidades de ahorro para invertir en el mercado buscan aprovecharse de la situación y, pagar un precio mucho menor, para luego poder vender la misma en mejores épocas, y de esa manera obtener una importante rentabilidad.

Interesante ver que en el mundo capitalista de ahora, el arte ya no sólo sirve para disfrutar, contemplar y retratar el mundo en el que vivimos, sino que tiene un valor meramente monetario. Las grandes pinturas de la humanidad se han convertido en meros activos físicos para los grandes tenedores de capital, muriendo con eso toda su funcionalidad artística y espiritual que inspiraron su creación.

Hay todo un mundo de negocios establecidos alrededor del arte en todas las partes del mundo. El que la recién entrada en bancarrota, Lehman Brothers, fuera un importante patrocinador de importantes museos, así como un gran comprador de estas piezas, da idea del tamaño de negocio que se mueve alrededor del mundo de las obras de arte.

Como un elemento más que le da un fuerte impulso a los exorbitantes precios que se mueven en esos alejados escenarios, es de tener en cuenta la importancia que varios grupos ilegales alrededor del mundo le dan al arte, como elemento vital para el lavado de activos. Por colocar solo un ejemplo, era impresionante ver la cantidad de obras de arte que se les han decomisado a importantes narcotraficantes alrededor del mundo. Frente a esto la pregunta obvia es, ¿por qué un narcotraficante, quienes viven en un mundo totalmente alejado de las altas esferas artísticas, gastan los millones que gastan en comprar estos cuadros? Tal y como dice «el chico» en el libro «Sicario» de Alberto Vázquez, la razón radica en que ningún juez jamás podrá contradecir el valor que se dice que el narco se gastó comprando esa obra y por el que la vendió.

Muy alejado de la situación de millones de desempleados quienes deben hacer miles de maromas para poder llegar a fin de mes, es el de estas personas que están preocupadas porque sus obras no están costando todos los millones de dólares que esperaban poder recaudar. Tal y como decía Notorius B.I.G., a más dinero más problemas para las personas. En un mundo totalmente estresado por el futuro económico que se nos viene encima, y por las inmensas pérdidas que a futuro se podría acarrear, es bueno saber que no tenemos una razón más para preocuparnos.

Sí hay algo bueno de las crisis, es que ayuda a recordarnos qué es lo que verdaderamente importa y cuáles deben ser las cosas que nos definan como sociedad. Es lamentable hasta cierto punto en lo que se ha convertido el arte, gastándose cantidades ingentes de dinero en obras de arte que se hicieron con un espíritu meramente puro y primoroso, con afanes meramente culturales por parte de sus autores, a quienes en una de las ironías más interesantes de nuestra era, tuvieron que vivir y morir en una pobreza muy distante de la que disfrutan sus creaciones.

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