Los Candidatos Presidenciales y La Economía

Barak Obama y John McCain son ambos prefectos representantes de los grupos que lideran. El público norteamericano tendrá que elegir entre una economía apoyada por el Estado o, por el liberalismo a ultranza. Las posiciones ya están sentadas, sólo falta el voto.

Durante gran parte de la campaña presidencial en los Estados Unidos, el debate se centró en lo novedoso de los candidatos, así como en las marcadas diferencias entre ellos y sus vicepresidentes. Del candidato demócrata se mencionaba su ascendencia afroamericana, su juventud y dinamismo; así como su inmensa capacidad de orador. Por otro lado, las personas hablaban de lo conservador y adulto que McCain es,  de su inmensa experiencia y la entrega de toda una vida a las instituciones estadounidenses.

No obstante, la fuerza de los hechos a obligado a todos a preguntarnos sobre las capacidades del futuro gobernante para recibir un país en una inmensa crisis financiera, la que ha demostrado su inmenso alcance mundial, por lo que las vías de recuperación de la misma es de importancia no sólo para los norteamericanos. En ese sentido, es importante estudiar las propuestas económicas de cada uno con la intención de poder prever la clase de futuro que nos espera.

La diferenciación entre McCain y Obama no es sólo por el color de piel y su edad, sino por lo que es más importante aún, se distancian por sus ideologías económicas y su visión del mundo. McCain es un perfecto representante del statuo quo, alguien que promueve la conservación del mundo actual con sus ventajas y desventajas. Su visión del mundo es algo anacrónica y alejada de la realidad de miles de millones de personas alrededor del mundo.

En concordancia con lo anterior es que se entiende el por qué de sus propuestas tan distantes de la clase de mundo que tenemos hoy en día. El primero punto a estudiar del candidato republicano es su propuesta de reducir la tasa de impuestos corporativos del 35 al 25%, como complemento de los permanentes recortes de impuestos para todos los hogares, duplicando la exención personal a US$7.000, y otorgando a los contribuyentes reglas tributarias más simples. Con esto pretende él lograr un mayor crecimiento económico del que tiene actualmente su país.



Frente a esto, sólo cabe decir que por mucho de que el candidato diga que no es Bush y que se ha opuesto a él constantemente, su plan económico no dista mucho del actual ocupante de la Casa Blanca, que desde mi perspectiva se puede reducir en: más dinero para los que más tienen.

En lo que parece ser una política absolutamente rígida de los republicanos, cada gobierno de este partido político pareciera tener la obligación de dejar un inmenso déficit fiscal. En la actual administración se aplicó esta política de una manera muy profunda. No se entiende en ese sentido los recortes que propone el candidato McCain, más en un momento que la economía mundial necesita de un Estado que la respalde.

En ese sentido, es extraño ver como el candidato republicano no comparte los incentivos a la energía solar y eólica propuestos, pues sostiene que distorsionan el mercado, pero propone en cambio estímulos a la energía nuclear.

Es decir, McCain hace parte del pensamiento conservador libertaral que predomina en las más altas esferas del poder en los Estados Unidos, a quien se le ha acusado de crear la crisis actual en ese país. Si hay algo que me sorprende de los estadounidenses, es que a pesar de que cada gobierno republicano deja inmerso al país en una inmensa crisis, ese partido político sigue siendo tan poderoso.

Su posición frente al comercio internacional es que todo está bien, y que más acuerdos en ese sentido deberían firmarse. Su propuesta va en dirección a acelerar el proceso de acuerdo comercial con Colombia, e incrementar los ya firmados con el resto de países de la región.

Al otro lado del espectro político encontramos a Obama, quien su postura intervencionista le obliga a promover el gasto público como mecanismo de desarrollo de su país. No obstante, es evidente que el déficit fiscal en el que la administración republicana deja las finanzas del país limitan las intenciones del candidato. Por eso, Obama ha hecho un plan de fuerte recorte de exenciones tributarias que el gobierno de turno aplicó.

Frente al uso del dinero público hay que hacer una inmensa diferenciación que pocas veces se hace en los escritos sobre economía: uno es cuando es gasto y el otro es cuando es inversión pública. Los neoliberales juntan esos dos rubros cómo sí ambos significaran lo mismo, obviando las consecuencias de cada uno en la economía.

El programa de Obama va dirigido a aumentar es la inversión pública de ese país: 15.000 millones de dólares durante 10 años para fomentar inversiones en tecnología energética, los que se financiarán con la compraventa de permisos para contaminar, ayudando a la disminución del efecto invernadero. También entre sus planes tiene fundar un banco de inversión en infraestructura, que le prestaría un monto cercano a los 60.000 millones de dólares a las empresas para que inviertan en ferrocarriles de alta velocidad y mejores redes de suministro.

Se duplicaría el gasto, o mejor dicho, la inversión en investigación básica, dado los índices que demuestran la baja en ese sentido de ese país. Se tendría como política principal el subsidio a la inversión en conexiones de Internet de alta velocidad, y se piensa crear un rubro de cerca de 4.000 millones de dólares en créditos a los estudiantes que presten servicio público.

Con todo esto, y muchas cosas más, el candidato demócrata cree poder detener la inmensa brecha de ingresos que la globalización mal administrada que hoy tenemos ha causado,  y además piensa convertir la política fiscal en un mecanismo que actué en esa dirección. En ese sentido, Obama promueve que «la globalización, la tecnología y la automatización han debilitado la posición de los trabajadores», por lo que se requiere que el Gobierno aplique políticas que conlleven a una medida más justa de la distribución del dinero.

En contraposición con su opositor, Obama hace caso a los clamores de millones de pobres de todo el mundo, quienes piden que se haga una reconfiguración de los acuerdos comerciales, así como de sus instituciones, haciendo hincapié en la OMC y el NAFTA.

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