La suscripción tipo Netflix aplicada a todos los negocios

Cada vez hay más servicios de suscripción en nuestras vidas y dependemos de ellos para disfrutar de muchos de nuestras aficiones.

Cada vez más la sociedad se está ajustando a la filosofía de las suscripciones. Hemos abierto nuestra mente a un tipo de forma de hacernos con servicios y productos que, hace décadas, habría sido impensable. La suscripción ha hecho de la vida un mercado más abierto y con más posibilidades, aunque quizá, como sociedad, nos estemos condicionando demasiado a su aprovechamiento y, en cierta manera, abuso.

Se podría decir que el servicio de suscripción que ha puesto en tendencia este tipo de negocio, al menos de manera globalizada, ha sido Netflix. La plataforma de vídeo en streaming ha logrado que el mundo deje de comprar DVD y Blu-ray para pasarse a la reproducción online. No solo eso, también han conseguido que las cifras de piratería se reduzcan hasta niveles ridículos y que, no de forma tan positiva, se abandone el consumo de televisión tradicional.

Pero Netflix solo es la primera flecha de una oleada de disparos que están cambiando la manera en la que invertimos nuestro dinero y en cómo disfrutamos de servicios. No se sabe cuánto tiempo durará esta filosofía de negocio, o si quizá será la norma de aquí a unos años para todo. Lo podemos ver como una tarifa plana, algo a lo que sí estábamos habituados en el pasado.

Todo consiste en hacer un pago mensual y que, a cambio de ello, tengamos acceso a un amplio surtido de productos de los que podemos disfrutar a nuestro libre albedrío. Netflix nos deja su catálogo completo de películas y series para que veamos todo lo que queramos sin límite. La empresa es consciente de que habrá días en los que veamos 8-10-12 horas de contenido y que luego habrá días en los que, con suerte, veremos 1 o 2 horas. El balance general es lo que le importa al usuario porque, al final, habrá acabado reproduciendo gran cantidad de contenido a cambio de un solo pago mensual.

Y, como te puedes imaginar, nadie cuenta las horas de reproducción. Es algo que ha quedado de lado y totalmente desdibujado. En parte por lo frenético que es nuestro día a día. Tenemos Netflix, HBO Max, Disney Plus, Amazon Prime Video y tantas otras plataformas. No vamos a contabilizar cuánto vemos, aunque posiblemente sí habrá algo que nos indique en nuestra cabeza si nos sigue interesando pagar el servicio o no (como que hayan pasado 3 semanas sin abrir su aplicación, por ejemplo).

A los servicios de streaming, a los que ya estamos habituados, se han sumado otras plataformas y propuestas que también gozan de gran interés. Es el caso de los videojuegos. Aunque el salto no se ha producido en su totalidad, hay empresas que están empujando para intentar conseguirlo. Es el caso de Microsoft, cuyo servicio Xbox Game Pass, intenta convencer a los usuarios para que hagan un pago mensual y que dejen de comprar juegos a precio completo a cambio de disfrutarlos bajo suscripción sin tener propiedad sobre los mismos.

Lo mismo ocurre con la música, donde sí que se ha producido un salto entre la compra de formato físico y la reproducción de streaming. Los usuarios escuchan miles de canciones a cambio del pago de una suscripción e incluso, en muchos casos, pueden disfrutar del contenido gratis. Pero la música, el cine y los videojuegos no son lo único. Las suscripciones saltan hacia otro tipo de mercados, como los servicios de comida a domicilio. Si pagas la suscripción mensual, tienes acceso a la posibilidad de pedir tantas veces como quieras sin tener que pagar los gastos de envío.

Si echas cuentas, al final sale rentable. Todo acaba tratándose de lo mismo: echar cuentas. ¿Te interesa invertir cada mes 10 euros a cambio de un servicio determinado? ¿En qué proporción y volumen lo vas a aprovechar? El riesgo, en estos momentos, se encuentra en que podemos llegar a perder el norte en lo que se refiere a contratar estos servicios. Nos puede parecer que el precio es bajo, porque 10 euros “no son nada”, pero si contratamos distintos servicios, al final estaremos viendo que quizá invertimos un 10% de nuestro sueldo en el pago de estas suscripciones.

De ahí que hagamos esta reflexión y que queramos plantearnos esa duda de si estamos haciendo bien volcándonos en los servicios de suscripción. Otro aspecto al margen de esto reside en el streaming. Cuando hablamos de música, de vídeo o de juegos, ¿Cuánto dinero habremos pagado anualmente por algo de lo que no tenemos ninguna propiedad? ¿Y si un día se desconectan los servidores? No tendremos absolutamente nada. Esto es lo que lleva a que haya que pensarse mucho si nos volcamos totalmente con estas suscripciones o si regulamos la forma en la que las contratamos. Si tú, como profesional, estás pensando en lanzar un servicio de suscripción, sabrás que es el momento dorado, pero piensa bien y planifica para saber si la situación se mantendrá a largo plazo.

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