La sangría del dinero público a la banca

Los estados acumulan más de 1,6 millones de deudos en aportaciones directas a la banca. Aun así, las últimas inyecciones de liquidez ejecutadas por el Banco Central Europeo no se traducen en nuevos créditos a las empresas.

Los 240.000 millones prestados a Grecia, o los cerca de 20.000 millones que probablemente deberá ahorrar el estado español para hacer frente a lo objetivos de déficit, incluso con el nuevo objetivo fijado por el Ejecutivo de Rajoy, la megasubasta de liquidez llevada a cabo por el Banco Central Europeo a base de préstamos al 1 por ciento de interés son apenas una gota de agua en un océano de deuda pública acumulada como consecuencia de las ayudas a la banca, que según la propia Comisión Europea, se cifra en 1,6 billones de euros, sólo en el período 2008-2010.

Una estimación que concuerda con la de otros organismos, como Eurostat, cuyo análisis desvela que el pasivo de los estados ha crecido 643.625 millones como consecuencia de las inversiones públicas en el sector financiero, o la propia «Caixa», cuyo estudio indica que sólo en emisiones de deuda con aval público el Tesoro público se ha gastado 1,1 billones de euros. Una sangría de dinero público a la banca europea que ha tenido dos consecuencias directa: el aumento del déficit público y del endeudamiento. La primera de ellas ha obligado a los gobiernos nacionales a realizar amplios ajustes presupuestarios y a comprometerse en el objetivo de déficit draconiano exigido por Bruselas a petición de Berlín. El segundo, la escalada incesante de la prima de riesgo de las economías periféricas.

Sede de la Comisión Europea en Bruselas

En España , la reducción del objetivo de déficit público a 5,8 por ciento hará mermar a priori los futuros ajustes en 15.000 millones dejando los recortes en unos 20.000 millones de euros, que el Estado deberá ejecutar, se espera que reduciendo  transferencias a las Comunidades Autónomas. Sin embargo, cabe recordar la manga ancha del Gobierno a la hora de insuflar liquidez al Fondo de Restructuración Ordenada Bancaria, creado por el anterior Ejecutivo con el fin de apoyar los arduos procesos de fusión de las entidades españolas iniciadas ahora hace un año. El Gobierno ha decidido dotar de 6.000 millones de euros adicionales al fondo, una cantidad nada despreciable, que habría que sumar a los 30.000 millones ejecutados directamente por el anterior Ejecutivo, amén de otros 8.000 dedicados al saneamiento de entidades bancarias como Banco de Valencia o CAM. En total, la cuantía asciende a algo más de 50.000 millones de euros, casualmente la misma cuantía que se cree debería sanear la banca ante las pruebas de solvencia de Europa.

Sea como fuere, lo que está claro es que las  ayudas a los bancos no se traducen en un aumento de la liquidez en la economía real, y, ni mucho menos, en la concesión de nuevos créditos a empresas o particulares. Las ayudas a bajo interés del BCE (que no deja de ser una entidad pública), son destinadas a cuadrar balances, y las ayudas directas recibidas por los gobiernos se destinan a limpiar los trapos sucios. Mientras tanto, el déficit de los Estados se dispara sobremanera, obligando a ejecutar recortes impopulares y antisociales sin otra alternativa posible. Y es que por cada euro que se ofrece al sector financiero hay que destinar otros dos a ajustar las cuentas. ¿Adivinan de qué partidas?

Foto: JLogan, en Wikimedia Commons

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