La miseria causa estragos y pone en serio peligro la estabilidad de los gobiernos

protestas1Centenares de hambrientos se concentran en la puerta del Palacio Presidencial de Haití. La miseria campa a sus anchas por las calles, provocando quema de neumáticos por todas las carreteras y creando problemas sin cesar a la polícia e incluso a los soldados, que se han visto obligados a intervenir para garantizar el orden público.

La situación de pobreza en Haití no ha mejorado desde el último cambio de gobierno, y además ha ido a peor con el paso de los meses. La inflación está en máximos históricos desde la independencia del país, a causa de la subida de los precios de alimentos a nivel mundial, provocando una espiral de miseria, la delincuencia se ha disparado hasta índices desconocidos por los más ancianos, y el frijol, el maíz y el arroz han pasado de ser alimentos básicos a convertirse en preciados tesoros por quienes pueden adquirirlos.

En los últimos días, los corresponsales extranjeros han informado a los medios de comunicación europeos de la situación de los niños, que se ven obligados a comer cada uno dos cucharadas de arroz al día, y eso si tienen suerte, ya que rara vez una familia puede permitirse el lujo de comer durante dos días seguidos.

El paro también se ha disparado, sobre todo desde que los propietarios de empresas productoras de alimentos no han podido hacer frente a la caída del poder del dólar.

La ira se aprecia por todas partes. La crisis alimentaria no se ha llevado por delante únicamente a los más pobres, sino que también está empezando a erosionar gravemente las ganancias de los trabajadores de clase media e incluso de los funcionarios del gobierno y los militares, que ven cada día cómo se siembra en la población un aumento del descontento, y así aumentan las presiones que desestabilizan a los gobiernos mas frágiles de los países del tercer mundo.

En la capital de Egipto, El Cairo, el ejército ya se ha puesto a trabajar para hornear el pan, intentando compensar así desde mediados de febrero el aumento de los precios de alimentos, que amenazan con convertirse en la chispa que encienda la ira en contra del gobierno. En países que hasta ahora mantenían una estabilidad de gobierno muy efectiva, como Burkina Faso y otros de África al sur del Sáhara, los precios están desencadenando disturbios que surgen como nunca hasta ahora. Incluso naciones prósperas como Malasia, la coalición de gobierno ha sido prácticamente expulsada por sus propios votantes, que protestan en voz alta por la subida de los alimentos y del combustible.



El asesor especial del Secretario General de las Naciones Unidas, Jeffrey D. Sachs, ya ha reconocido que el mundo se enfrenta «a la crisis más grave de los últimos 30 años. Es evidente que esta situación supone una amenaza para muchos gobiernos, sobre todo de países que no tienen una tradición democrática, y me parece que todavía quedan nuevos sucesos políticos por desarrollarse».

Sin embargo, los expertos dicen que hay pocas soluciones rápidas a una crisis vinculada a muchos factores, uno de ellos la fuerte demanda de alimentos procedente de las economías emergentes como la de China y el aumento de los precios del petróleo por el consumo de recursos alimentarios para producir biocarburantes.

No hay precedentes históricos deuna situación parecida a la actual que sirvan para saber cómo afrontar la crisis. En Asia, los gobiernos desarrollan desde finales de 2007 diversas medidas para limitar el acaparamiento de arroz después de que aumentase la demanda, al aflorar un pánico entre los consumidores, tras conocer el nuevo aumento de los precios.

Incluso en Tailandia, que produce 10 millones de toneladas de arroz, y es el mayor exportador mundial, los supermercados han colocado señales de limitación de la cantidad de arroz que se permite adquirir a los compradores.

Pero también hay mucho nerviosismo y confusión sobre la mejor manera de proceder, y lo peor, es el impacto que pueden tener algunas de las medidas que ya han adoptado los gobiernos, como por ejemplo mantener los subsidios alimentarios a determinadas empresas.

El Presidente de El Salvador exigía hace unos días ante el Foro Económico Mundial a las naciones mas ricas a contribuir para solucionar el problema: «¿Cuánto tiempo se puede soportar la situación? Tenemos que alimentar a nuestro pueblo, y los productos básicos son cada vez escasos. Esta escandalosa tormenta podría convertirse en un huracán que podría alterar no sólo nuestras economías, sino también la estabilidad de nuestros países. »

De momento en Indonesia, el gobierno, temeroso de ser la próxima víctima por la subida de los precios de alimentos, ya ha revisado su presupuesto para 2008, desviando unos 280 millones de dólares para los subsidios a las empresas productoras.

Durante el mes de febrero, en Senegal, una de las democracias de África mas estables hasta el momento, los antidisturbios cargaron con dureza contra las personas que protestaban por altos precios de los alimentos y más tarde asaltaron una estación de televisión que testaba transmitiendo las imágenes de la manifestación.

Centenares de miles de senegaleses se muestran cada vez mas enojados por el gasto multimillonario que su gobierno realiza para el desarrollo de las infraestucturas y para las reuniones de la Cumbre Islámica en hoteles de cinco estrellas, mientras ellos no pueden permitirse comprar durante más de dos días seguidos un plato de arroz o pescado.

Pese a las protestas, numerosos jefes de Estado hacen caso omiso de las protestas de sus ciudadanos. Es el caso, por ejemplo, de Presidente de Haití, René Préval, que en una rueda de prensa, mientras se escuchaban de fondo las protestas de los que fueron sus votantes, se limitaba a afirmar que «si los haitianos pueden permitirse tener cada uno de ellos varios móviles, ¿cómo van a tener problemas para comprar comida?».

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