La crisis aumenta espectacularmente los intentos de fraude a las aseguradoras

Se disparan los intentos de fraude a las compañías aseguradoras

Fraudes

El número de casos ha aumentado más de un 70% desde 2008

Ya se sabe, el hambre agudiza el ingenio, y en tiempos de crisis surgen las mil y  una ideas para conseguir dinero de debajo de las piedras.

Uno de los timos más comunes, o por lo menos de los intentos de fraude, es a las compañías aseguradoras que, conscientes de los múltiples intentos de engaño, se han puesto manos a la obra para intentar evitarlo. Y es que durante el pasado 2011, las declaraciones fraudulentas que detectaron estas compañías ascendieron a nada menos que 521,4 millones de euros.

De esta flagrante cifra, se logró reducir la factura final a 157,1 millones de euros y, tras poner en evidencia las irregularidades, consiguieron ahorrar 364,28 millones de euros. Todo ello tras exhaustivas investigaciones llevadas a cabo desde la propia compañía y también solicitando los servicios externos de detectives privados.

Una información que ha dado a conocer la Investigación Cooperativa entre Entidades Aseguradoras y Fondos de Pensiones (ICEA), y que no contempla los siniestros que no despertaron ningún tipo de sospecha, así como aquellos cuya investigación resultaba «antieconómica» para la empresa.

De entre todos los casos ocurridos los más numerosos son, como viene siendo habitual, ocultar enfermedades al contratar una póliza, solicitar la baja y seguir trabajando y  simular un robo en el domicilio. Aunque sorprende saber, porque parece que estos casos únicamente se dan en las películas, que la gente llega incluso a incendiar su negocio o a simular su propia muerte.

Pero éste no es el principal problema para las aseguradoras, ya que se enfrenta a un duro reto a causa de las crecientes mafias que se dedican a defraudarlos. Éstas, sumadas a los «no profesionales» han provocado que desde 2008 los fraudes hayan aumentando un notable 71%, y en los últimos cuatro años hayan aumentado de 76.759 a 130.959 casos.

Además, aunque el sector pone todos los medios posibles para intentar evitar estos timos, se encuentra con bastantes trabas en el camino, ya que muchas veces hay demasiados factores implicados en la estafa como para poder destaparlos todos.

Sucede, por ejemplo, con los automóviles. Los grupos organiados compran coches de alta gama, nuevos y siniestrados. Solamente aseguran el primeros, pero al estropeado le cambian el número de bastidor, por lo que consiguen reparación gratuita. En muchos de estos tejemanejes, el taller suele estar conpinchado con el cliente. Por lo que, por más que se trate de investigar, resulta casi imposible llegar a descubrir la verdad.

Por desgracia, en tiempos como los que vivimos, y por más intentos por erradicar estas prácticas, cuando unas se descubran, otros idearán más. La picaresca siempre estuvo allí.

Foto: 59937401@N07

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