James Joyce, un grande del modernismo británico

Hay quien dice que no se alcanza la madurez completa hasta que no se lee el Ulises (1922). De lo que estamos seguros es que nadie podría escribir la historia de la literatura del siglo XX sin consagrar un capítulo completo a la obra del autor irlandés James Joyce, cuya autoría cuenta con libros tan decisivos como Dublineses (1914) o la autobiográfica Retrato de un artista adolescente (1916). Con James Joyce y otros importantes de su generación, la narrativa realista de finales del siglo XIX, con Dostoievski o el mismo Pérez Galdós como fieles seguidores, da paso a una voluntad de contar historias a través de la experimentación. Dentro del universo anglosajón, ello se tradujo en el llamado modernismo, del que James Joyce es uno de sus mayores estandartes.

Cuando se habla de novela modernista británica se suele citar a la triada formada por Virginia Woolf, Marcel Proust y James Joyce. La voluntad de separarse de la herencia realista, el ímpetu en psicoanalizar personajes mediante el monólogo interior y la utilización del argot callejero mezclado con cultismos son algunos de los rasgos que les unen pese a lo heterogéneo de sus personalidades y vida literaria. En lo que se refiere a Joyce, hay dos particularidades que no han pasado desapercibidas para público y crítica. La primera de ellas es su fuerte conflicto con la Iglesia Católica, traducido en un laicismo convencido. La segunda es su marcado regionalismo. Esto, sin embargo, se encuentra sujeto a matices. Pese a haber pasado la mayor parte de su vida fuera de su patria, Irlanda, en la bra de Joyce encontramos un marcado regionalismo evidenciado en lo acotado de su escenario literario, reducido al terreno irlandés. No obstante, no se puede considerar al escritor como un autor cuyo universo se encuentre limitado. Al contrario, sus prosa goza de un estatuto fuertemente cosmopolita, que acabaría influyendo en muchos movimientos posteriores.

Retrato del autor.

Después de errar en los bajos fondos parisinos y tras pasar por Trieste y Zurich, Joyce consigue publicar, en diciembre de 1916, tanto Dublineses como Retrato de un artista adolescente. Es en este momento cuando decide centrarse en la escritura de la que será su gran hito mundial: Ulises. Eso sí, en los momentos en que su reiterado alcoholismo y sus dudosas amistades se lo permitían. En 1921, y en la ciudad de Paris, Joyce acaba el último capítulo de su gran novela.

Ulises es una obra ingente y compleja, que juega con los simbolismos, el lenguaje y los géneros literarios; por ello su lectura deviene tan complicada. Apasionados de esta obra hay muchísimos… y detractores, también. Se suele argumentar que la lectura de Ulises es una tarea ardua y densa: el escritor utiliza el monólogo interior, la experimentación lingüística y la condensación de técnicas literarias, donde compone capítulos a modo de artículo periodístico, ensayo, diálogo… Mediante esta vanguardista técnica y a modo de parodia de La Odisea de Homero, la novela analiza veinticuatro horas de la vida de tres dublineses (como no): Leopold Bloom, un judío que teme llegar a casa; su infiel esposa Molly Bloom y un poeta joven llamado Stephen Dedalus, una especie de alter ego del propio escritor.

Su siguiente y última novela, Finnegans Wake (1939) pretende recoger en 600 páginas las horas de sueño de su protagonista, Humphrey Chimpden Earwicker, también llamado El Soñador o Mr. Porter. La novela llevaría hasta el extremo el carácter vanguardista de Ulises, hasta el punto de resultar prácticamente ininteligible. Las malas críticas recibidas junto al estallido de la Segunda Guerra Mundial dieron por finalizada su vida y su obra. James Joyce falleció el 13 de enero de 1941 a raíz de las complicaciones surgidas de una úlcera de duodeno.

Además de las obras a las que nos hemos referido aquí, James Joyce también cultivó la poesía y el teatro, además de valorarse como parte de su bibliografía la correspondencia que de él aún se conserva.

Para ampliar información:

James Joyce, un ingeniero de la literatura
Exiliados, de James Joyce, la huida hacia el interior de uno mismo

Foto Joyce en Wikipedia Commons

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