Grooveshark, el último bastión

Se acabó lo que se daba. Ay de aquella época en que ver cualquier cosa que te viniera a la mente era tan sencillo como conseguir un enlace a Megaupload (parece mentira que sólo hayan pasado unos meses). Más lejano parece ya aquel tiempo en que una cuenta Spotify Free te abría las puertas del olímpo musical y se erigia por méritos propios en el rey de todas tus fiestas. A los que tenemos más agujeros en los bolsillos que la chaqueta de Carpanta nos quedó entonces una opción, un último recurso para seguir deleitando nuestros oídos sin tener que matricularnos. No era tan bonito, ni tan práctico, ni tan versátil, pero oye, la verdad es que era resultón y a fuerza de acudir a él acabamos por cogerle cariño.

Grooveshark

Grooveshark, el popular servicio de música en streaming, pasará a ser de pago.

Era Grooveshark y aunque el servicio final que proveía era en esencia el mismo que Spotify, en realidad el funcionamento de uno y otro no podían diverger más. Mientras los suecos tiraron por lo ‘legal’ y buscaron contratos con las discográficas para abastecer su catálogo, Grooveshark basaba su filosofía en el P2p. Es decir, que el servicio era en realidad una red de intercambio de archivos musicales por parte de los usuarios, con una particularidad: era de pago, y parte del precio de descarga de cada canción revertía en el usuario que la había subido. Funcionó dos años de esta manera y pronto recaudó más de un millón de dólares.

En 2008, inspirados por YouTube, los fundadores de Grooveshark decidieron abrir las arcas capitolinas al pueblo y así lanzaron su servicio gratuito de música en streaming en abril, siete meses antes de la aparición de Spotify. El sistema mantuvo la filosofía inicial, es decir que siguió basando su catálogo en las pistas que sus usuarios subían libre y voluntariamente. No tardaron en lloverle las demandas por parte de las grandes discográficas. Así, Universal, Warner, Sony, EMI y Sun Records denunciaron a Grooveshark, que se ganó la antipatía de toda la industria  musical. Su aplicación fue retirada de la AppStore por presiones a Apple, y desapareció del Android Market sin ninguna explicación.

Desde Grooveshark, siempre defendieron la legalidad de su servicio. En 2011, Paul Geller, vicepresidente de Asuntos Externos de la compañía escribió una carta abierta a la industria en la que se esforzaba en explicar por qué el servicio es legal, aunque no esté completamente licenciado. Según explicó Geller:

Hay una diferencia entre legal y licenciado. Las leyes vienen del Congreso. Las licencias vienen de las empresas. Grooveshark es completamente legal porque cumplimos con las leyes aprobadas por el Congreso, pero (aún) no tenemos licencia de todos los sellos. Somos una empresa tecnológica, y operamos dentro de los límites de la Digital Millennium Copyright Act de 1998 (DMCA). Puede haber quien crea que quien como nosotros usa la DMCA para innovar está infringiendo de manera inherente la legalidad y que solicitar ser Puerto Seguro según prevé la DMCA es como admitir la culpabilidad. No es así.

La empresa se basa en la confianza en que los usuarios sigan las directrices marcadas por las cláusulas del servicio, en las que se explicita que «ningún contenido debe ser ilegal, obsceno, amenazante, difamatorio, invadir la privacidad, infringir los derechos de la propiedad intelectual o ser injurioso de algún otro modo a terceras partes.» De hecho, Grooveshark suele retirar inmediatamente cualquier contenido previa solicitud de las empresas propietarias de los derechos, según prevé la DMCA y otras leyes de propiedad intelectual.

Sin embargo, esto no resulta suficiente para las discográficas, ansiosas por comerse su parte del pastel a toda costa. El pasado mes de enero, la GEMA, es decir, la SGAE alemana, consiguió que el servicio cerrara en toda Alemania. A partir de ahí, todo ha acabado viniéndose abajo como un castillo de naipes, pues resulta imposible para la compañía pagar los costes que supone licenciar toda la música que alberga y a la vez seguir ofreciendo un producto gratuito. Por otro lado, seguir en la situación actual tampoco parece muy aconsejable, ya que se arriesgan a ver el servicio suspendido país por país, como ya ha ocurrido en Alemania.

La única alternativa al alcance pasa pues por comenzar a cobrar cuota, como ya hizo Spotify en su día. La compañía lo ha comunicado recientemente, no sin cierto pesar:

Nuestra visión de Grooveshark nunca incluyó la posibilidad de cargar con una cuota al usuario pero el aumento de los costes nos puede obligar a cerrar el servicio en tu país tal y como ha ocurrido en Alemania. Necesitamos tu apoyo. Con la idea de permanecer abiertos, solicitamos a los usuarios que abonen 4 dólares al mes para acceder al servicio de Grooveshark. Con vuestra ayuda podremos continuar operando en tu país con millones de canciones, listas de reproducción, favoritos, artistas destacados y todas las demás cosas que te gustan de nuestro servicio.

Gracias por apoyarnos y entenderlo.

Grooveshark

Lo dicho, los días de gloria en la red van tocando a su fin. Por lo visto, algunos han encontrado en la nueva era digital una oportunidad de oro para convertir Internet en un inmenso centro comercial. Hay días que me da por pensar que al final acabarán por conseguirlo. Lo peor de todo es que encima seguirán cobrándonos la entrada.

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