En qué consiste la reforma laboral francesa y por qué genera tanta controvesria social

Las protestas se han sucedido desde que el Gobierno de Valls aprobó la reforma sin pasar por el parlamento. Se busca que Francia gane competitividad.

valls

El pasado 10 de mayo, el Gobierno de Francia aprobó mediante decreto una reforma de las leyes que rigen el mercado laboral. La citada reforma fue defendida por el primer ministro Manuel Valls como la única manera de devolver a la economía francesa algo que perdió hace décadas, la competitividad. La manera de aprobar dichas medidas, sorteando el trámite de su refrendo por parte del parlamento, ya anticipaba una notable división en el seno del socialismo francés y en la sociedad gala en general. Una encuesta de Le Parisien indica que el 70% de los franceses se opone a esta legislación. ¿Por qué suscita tanto rechazo la reforma laboral?

Un paro estructural del 10%

Francia tiene un problema laboral de primera magnitud. El ámbito de relaciones entre trabajadores y empresarios es muy rígido y no solo por las elevadas retribuciones salariales sino por la notable carga fiscal de las mismas. El país galo cuenta con uno de los marcos de cotizaciones sociales más costosos del mundo. La suma de los pagos por IRPF y Seguridad Social alcanza el 48% de los costes salariales (en Alemania suponen el 33%). Ello ofrece, como contrapartida, una gran estabilidad a los trabajadores y sólidos ingresos al Estado.

Este modelo entró en crisis durante la Gran Recesión pero la magnitud de su desfase no se ha visto hasta el inicio de la recuperación económica. Francia no solo no es capaz de crear empleo de manera significativa sino que el desempleo se mantiene casi inamovible desde hace dos años. Observando los datos del tercer trimestre de 2015, la economía gala destruyó más de 150.000 empleos netos con contrato indefinido (España creó 160.000 y Alemania 150.000), al tiempo que la tasa de paro se mantiene en el 10,6%.

Frente a esta realidad, la reforma laboral plantea primar los acuerdos dentro de la empresa frente a los convenios aprobados con carácter general. Se presupone que de este modo se conseguirá que los contratos se adapten exactamente a la realidad de cada compañía (aunque este aspecto no esté demasiado desarrollado). Las indemnizaciones por despido pasan de un máximo de 27 meses de salario a tope de 15, siendo una de las modificaciones más contestadas. Avanzar hacia la jornada laboral de 40 horas semanales es otro de los objetivos que quedan en suspenso, dejándolo en manos de los comentados convenios de empresa.

La competitividad, tarea pendiente

Comentábamos en la introducción que la economía francesa lleva años perdiendo competitividad. De acuerdo con el Índice de Competitividad Global, Francia es el 22º país del ranking. Aunque mejora una posición respecto al ejercicio anterior, hace apenas cinco años era el 15º. Ante esta situación podría alegarse que Francia no es una economía demasiado competitiva porque los países con mayores coberturas sociales no pueden permitírselo. Esto es totalmente falso porque Suiza, Alemania, Países Bajos, Finlandia, Suecia, Dinamarca, Noruega y Bélgica presentan estándares de bienestar social superiores al francés y, sin embargo, son más competitivos.

Ello se explica por el hecho de que así como los costes laborales han crecido un 50% desde 1998, la productividad lo ha hecho un 20%, lo que arroja un desajuste muy importante que afecta a la competitividad de la economía gala. La reforma laboral busca romper esta tendencia aproximando el aumento de los costes laborales al de la productividad, algo que recuerda poderosamente a lo expuesto en la reforma laboral aprobada en España en 2012. El temor de muchos franceses es que esto suponga a corto o medio plazo importantes recortes en los salarios.

Despidos más baratos y menos pluses

Efectivamente, la manera de comenzar a ganar competitividad pasa por ajustar las plantillas y la retribución de estas, aspecto que ha puesto en pie de guerra a los sindicatos (quienes también temen perder influencia en las negociaciones colectivas). Los despidos motivados por causas económicas serán considerablemente más baratos, dejando la interpretación de ‘crisis’ en manos de los tribunales. No obstante, la reforma no acaba de definir muy bien este apartado.

Sí que se concreta la remuneración de las horas extra, que dejarán de presentar un incremento el 25% respecto a la retribución habitual para quedarse en el 10%. En cualquier caso, en las sonadas protestas de las últimas semanas han estado muy presentes argumentos que no van directamente dirigidos contra la reforma sino contra el sistema en general. En cierto sentido, la reforma ha supuesto la puntilla a una indignación latente.

Foto: Manuel Valls vía Shutterstock

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