El populismo desdibuja al Partido Republicano

Los republicanos llevan décadas sin alumbrar un proyecto político coherente y de futuro. Las propuestas de Donald Trump confirman la decadencia absoluta del partido.

trump

El primer martes después del primer lunes de noviembre (8 de noviembre de 2016, en este caso) tendrán lugar las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Sin lugar a dudas, se trata de la contienda electoral más mediática e influyente del planeta. El Partido Republicano, que acaba de celebrar la Convención Nacional en la que se ha confirmado la candidatura de Donald Trump, llegará a la cita en una de las mayores crisis de identidad de su historia. Los conservadores han desdibujado por completo su discurso económico y social y la elección del controvertido magnate como candidato ha confirmado los peores temores.

La alargada sombra de Reagan

En 1976, los republicanos perdieron la Casa Blanca por los ecos del caso Watergate y los problemas económicos que atravesaba el país. Sin embargo, el partido se rehízo con rapidez y en 1980 recuperó el poder de la mano de Ronald Reagan. El ‘Grand Old Party’ (GOP) iniciaba una década que ha quedado grabada en el imaginario de sus simpatizantes gracias a la coherencia ideológica de su carismático líder, que no dudó en aplicar todas las medidas que había prometido en campaña. Desde entonces, cualquier candidato republicano está obligado a referirse de un modo u otro a Reagan.

No obstante, aquella política de bajadas fiscales, liberalización económica, contundencia en la política exterior y énfasis de la unidad nacional ni siquiera pudo ser continuada por el vicepresidente y sucesor de Reagan, George H. Bush. Durante su único mandato (1989-1993), Bush incumplió su promesa de no subir los impuestos y esa decisión le costaría la presidencia. En 2000, el hijo de este, George W. Bush, devolvió el poder a los republicanos con un mensaje que parecía recuperar los idealizados años ochenta. La realidad es que Bush ‘junior’ acabó con el equilibrio presupuestario de la Administración Clinton y sometió a las cuentas públicas a un constante deterioro.

El Tea Party

Una de las decisiones más valientes de la Administración Bush fue la negativa a rescatar al banco de inversión Lehman Brothers en 2008. Ello no evitó que los cimientos financieros del mundo experimentaran una sacudida no vista desde 1929 y que los países desarrollados entraran en recesión. Los republicanos volvieron a la oposición y Barack Obama prometió implantar una política mucho más social, con la ambiciosa reforma sanitaria como principal proyecto en su primer mandato.

En 2010, la oposición al ‘Obamacare’ marca el origen del movimiento ‘Tea Pary’, una reacción ciudadana de tintes ultraconservadores en la que participaron numerosos congresistas y senadores del Partido Republicano. Precisamente, las elecciones legislativas de aquel año supusieron un notable avance del ala radical del partido, que acusaba a Obama de querer implantar el socialismo en el país. A este éxito le seguiría una cada vez más dura política antiinmigratoria y una feroz campaña contra el, por otro lado, poco desarrollado sistema de Seguridad Social estadounidense.

El fiasco de 2012 y el salto al vacío

De cara a las elecciones presidenciales de 2012, la élite del GOP consiguió evitar que un candidato radical (como Rick Santorum o Newt Gingrich) consiguiera la nominación, que recayó en el más moderado Mitt Romney. La derrota electoral del exgobernador de Massachussets supuso un duro golpe para el ‘establishment’, que poco después perdería claramente el control del partido. Las legislativas de 2014 devolvieron a los republicanos el control del Senado, lo que parecía anticipar el regreso a la Casa Blanca en 2016.

A mediados de 2015, el empresario y precandidato a las primarias del Partido Republicano, Donald Trump, empieza a ganarse el favor popular con un discurso tan claro como extremo: control absoluto de la inmigración, restricción de libertades y endurecimiento de la política arancelaria del país. De un plumazo, Trump ponía sobre la mesa tres principios otrora impensables en el Partido Republicano: cierre de fronteras, mayor control social por parte del Estado y proteccionismo económico. En cierto sentido, el magnate simplemente ha confirmado la pérdida de una hoja de ruta coherente por parte del GOP.

Las perspectivas para el 8-N

La Convención Nacional republicana ha concluido sin que quede claro cuál será el programa concreto del partido de cara a las presidenciales. No se sabe cómo se plasmarán las controvertidas propuestas de Trump ni si finalmente estas se moderarán. Lo que está claro es que la indignación social es la única baza con la que cuenta el empresario para tumbar a Hillary Clinton.

Foto: © sgtphoto

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