El ‘establishment’ se refuerza en Galicia y Euskadi

El incontestable triunfo del PP en Galicia y la clara victoria del PNV en el País Vasco suponen un punto de inflexión en la tendencia vista en otras autonomías.

feijoo

Pocas veces dos elecciones autonómicas han tenido tantísima relevancia en la política nacional como las celebradas el pasado domingo en Galicia y Euskadi. Lo que se dirimía en las urnas superaba con mucho la continuidad o no de los actuales gobernantes de dichas autonomías. A decir verdad, prácticamente nadie cuestionaba la solidez electoral de Alberto Núñez Feijóo e Íñigo Urkullu, dos políticos poco dados a las polémicas y exponentes, en ambos casos, de la ortodoxia en la gestión económica. La duda residía en la suerte que correrían el resto de candidatos, con especial atención a los socialistas.

Un éxito mayúsculo de Núñez Feijóo

Elegido por vez primera en 2009 y reelegido en 2012, Alberto Núñez Feijóo no sabe lo que es gobernar sin una crisis económica amenazando las finanzas de los gallegos y de la Administración. En tal difícil escenario, el discípulo más aventajado de Manuel Fraga se ha convertido en el único presidente autonómico que conserva la mayoría absoluta en el parlamento regional. Con el 47,5% de los votos y 41 de los 75 escaños en liza, el presidente de la Xunta se supera a sí mismo y gana más de 10.000 sufragios respecto a hace cuatro años.

Las finanzas públicas gallegas presentan un estado que ya quisieran la inmensa mayoría de gobiernos autonómicos. La deuda pública se sitúa en el 18,9% del PIB, una ratio moderadamente baja, pero lo más destacado es el control del déficit. Si en 2011 el desfase presupuestario se encontraba en el 5,1%, en el primer trimestre de 2016 se había convertido en un superávit del 0,02%. De este modo, Galicia ingresará este año más de lo que se gastará, un caso prácticamente único entre las administraciones regionales. La tasa de paro gallega es del 17,7%, tres puntos por debajo de la media nacional.

Una oposición profundamente dividida

Feijóo ha podido presentarse como garante de la estabilidad en Galicia gracias, en buena medida, a la fuerte división reinante entre la oposición. En Marea se lleva la segunda posición con 14 escaños y el 19,1% de los votos, superando a un PSdeG que consigue los mismos diputados que la coalición en la que se integra Podemos pero pierde en votos (17,9%). Los nacionalistas del BNG salvan los muebles al retener el 8,4% de las papeletas y 6 diputados. Ciudadanos naufraga y queda fuera del parlamento.

Urkullu ve refrendada su moderación

Si el PP arrasa en Galicia, el PNV ha sido el gran beneficiado del voto institucional en el País Vasco. Íñigo Urkullu se convierte en el único candidato que mejora respecto a 2012 al conseguir el 37,6% y 29 diputados (dos más de los que defendía). La gran distancia respecto al resto de fuerzas demuestra el acierto de una estrategia política de perfil bajo en la que se ha huido deliberadamente de los debates más enconados (sobre todo, en materia soberanista).

Desde luego, el cuadro macroeconómico vasco no tiene mucho que envidiar al gallego. Tras dispararse durante el mandato de Patxi López (2009-2012), la deuda pública ha logrado contenerse en el equivalente al 15,6% del PIB (con una ligera tendencia al alza, eso sí). Euskadi presenta, asimismo, un superávit del 0,4%, lo que supone un nuevo punto de similitud con el escenario gallego. La tasa de desempleo apenas alcanza el 12,5%, un nivel mucho más propio de otros países europeos que del difícil contexto laboral español.

Desplome del socialismo vasco

Partiendo de la premisa de que todos los rivales de Urkullu pierden terreno, el PSE es, de lejos, el más castigado. Los socialistas caen hasta el 11,9% de los votos y apenas conservan 9 de los 16 diputados con los que venían contando. Bildu también retrocede pero retiene la segunda plaza con el 21,2% de los sufragios y 17 actas, superando claramente a un Podemos que se ha quedado muy lejos de sus expectativas, estrenándose en el parlamento vasco con 11 escaños. El PP minimiza las pérdidas gracias a su notable resultado en Álava y logra 9 diputados (uno menos que en 2012).

¿Punto de inflexión?

Galicia y Euskadi han renovado su confianza en los partidos que durante más tiempo han detentado el poder, lo que supone una clara ruptura respecto a la tendencia de los últimos años. El corrimiento de votos que se ha vivido en la izquierda no ha alterado el resultado final pero ha facilitado el discurso del ‘establishment’.

Foto: © armari36

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