El “corralito” de las preferentes

Miles de afectados por participaciones preferentes se debaten sobre cómo recuperar su dinero. La falta de información, es, según las organizaciones de consumidores, la principal baza.

«Nos lo vendieron como algo muy rentable y seguro, el empleado del banco del que llevamos toda la vida siendo clientes nos dijo que podíamos recuperar nuestros ahorros en cualquier momento. Pero ahora tenemos el dinero en una especie de corralito.» Este es el relato de uno de los afectados por la llamada ‘crisis de las participaciones preferentes aunque podría ser el de cualquiera de los ahorradores que estos días luchan por recuperar el dinero que antaño invirtieron pensando que se trataba de un valor seguro. La poca información sobre este producto ha llevado a miles de clientes de los principales bancos a la desesperación por recuperar el dinero invertido.

La Caixa, una de las entidades que canjean preferentes por acciones

Para empezar, cabría recordar que las participaciones preferentes son emisiones de deuda sin un plazo definido por el que se paga una rentabilidad según los resultados, con lo que es posible que dicha rentabilidad sea cero, o incluso negativa. No se trata de de acciones ordinarias, ya que no tienen derecho de voto en los consejos de accionistas, ni tampoco de un depósito a plazo fijo al uso, lo cual es especialmente relevante, pues significa que no queda cubierto por el Fondo de Garantía de Depósitos.

Con este panorama, no es pues de extrañar que muchos clientes se rasgaran las vestiduras al ver cómo caía exponencialmente la rentabilidad de dicho producto, asociado a los beneficios del emisor, pero no canjeable por ningún activo. La falta parcial o total de información ha sido uno de los comunes denominadores en las quejas relacionadas con las preferentes, un hecho he reconocido incluso por la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Uno de los errores principales, según fuentes de la OCU, es pensar que el director de la oficina bancaria de toda la vida es siempre un amigo o consejero financiero. Este hecho es significativo, a tenor del perfil general de los afectados por esta clase de productos: personas mayores que habían confiado plenamente en el criterio del director de su entidad. La confianza ciega había llevado a algún demandante a firmar fondos cuyo vencimiento se producía en el año 3.000.

Una vez mordido el anzuelo, es muy difícil desprenderse de estos productos. La mayoría de las entidades bancarias, movidas por la presión de los organismos reguladores, han decidido canjearlas por acciones, bonos convertibles o deuda a plazo fijo, pero en dichos casos el paso se traduce en una pérdida significativa del valor invertido, que en la mejor de las ocasiones puede rondar el 50 por ciento del mismo. Lo que antes era ahorro se convierte hoy en papel mojado.

Foto: Morgaine, en Wikimedia Commons

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