Crisis automotriz en los Estados Unidos

El sistema de ideas que definió la naturaleza de los Estados Unidos de Norteamérica como la mayor potencia económica mundial se encuentra atravesando uno de los momentos más difíciles de su historia. Palabras como “colapso”, “bancarrota”, “cierre”, entre otras que escarapelan la piel de los grandes empresarios bancarios desde hace algunas semanas han ingresado también al lenguaje de las notas acerca de la industria automotriz, donde se encuentran algunas de las empresas que más afectadas se han visto por la caída del liberalismo económico.

Las tres empresas fabricantes de autos más importantes de los EE.UU.: General Motors Corp., Ford Motor Co. y Chrysler LLC vienen atravesando las consecuencias directas del derrumbe que se ha producido en el sistema económico norteamericano. La quiebra de importantes emporios bancarios y de aseguradoras de créditos y pensiones, a raíz del relativamente silencioso avance de la crisis hipotecaria y la hipertrófica acumulación de riqueza en ciertos sectores productivos sin regulación estatal ha provocado pánico en diversos niveles de la sociedad.

La caída estrepitosa de acciones en Wall Street y como efecto dominó, de las bolsas de valores en prácticamente todo el planeta ha generado una inmensa zozobra que no hace más que aumentar a medida que pasan las semanas. Evidentemente la industria automotriz en general, y principalmente las estadounidenses, no podía mantenerse al margen de este terremoto financiero y vienen sufriendo daños que, según palabras de los especialistas, podrían ser muy difíciles de revertir en el corto plazo debido a sus dimensiones.

Reducción de ventas y recorte de créditos para financiamiento, despidos masivos y cierre de plantas de ensamblaje son hoy los principales temas que se ventilan en los círculos vinculados a esta actividad industrial que mueve inmensas cantidades de dinero anualmente a nivel internacional. Los principales voceros de las tres compañías líderes en el mercado norteamericano coinciden en anunciar drásticas medidas frente a los inevitables efectos de esta debacle.

General Motors, fabricante de reconocidas marcas como Cadillac, Chevrolet, Pontiac, Hummer, entre otras y con operaciones en 35 países ha visto reducir su valoración en la bolsa de $ 50 billones a $ 2.6, menos de lo que valía en 1929 durante la Gran Depresión.

El experto economista de la Universidad DePaul, Joe Schwieterman nos ofrece su visión respecto a la actual situación de este imperio automotriz: “Wall Street ha dado una clara muestra de lo que está pasando: no tenemos mucha confianza en la capacidad de General Motors para generar ganancias en el corto plazo. Estamos en medio de una recesión, en medio de una crisis crediticia, las acciones se han devaluado y los financiamientos están recortados. En este momento se respira mucho temor en Detroit”.

Aunque General Motors, al igual que Ford y Chrysler, han anunciado la toma de medidas de ahorro que van desde los cortes en la producción hasta el cierre de plantas, este gigante consorcio automotriz ha establecido a través de sus principales voceros que declararse en bancarrota no constituye una opción en absoluto. Hace unos días, desde los cuarteles generales de Ford se anunció que en noviembre de este año alrededor de 800 personas serán separadas de la empresa, específicamente de la planta de ensamblaje ubicada en Chicago Heights, Illinois.

La situacion en general es preocupante para la industria. En los EE.UU. las ventas han bajado aproximadamente en un 13% con relación al año pasado y cada vez es menor la cantidad de personas que acceden a créditos de financiamiento para la adquisicion de carros. En este contexto es comprensible la preocupación de los ejecutivos de estas compañías que deberán iniciar una serie de estrategias para proteger su liquidez y no sufrir un colapso que traería nefastas consecuencias para la economía global.

Para diversos analistas, el origen de la crisis automotriz es anterior al crack económico que hoy ocupa las primeras planas de todos los diarios y páginas web del mundo, puesto que compañías como Ford y General Motors ya registraban fuertes niveles de preocupación por sus pérdidas de efectivo, cercanas al billón de dólares el año pasado. Entre algunas de las acciones que estas empresas podrían ejecutar para obtener liquidez está la venta de sus sucursales en el resto del mundo, algo que ya se ha hecho en otras oportunidades.

Pero la crisis financiera no alcanza únicamente a las empresas grandes sino también a otros agentes de la industria como los distribuidores o los vendedores de autos usados. Por ejemplo la Asociación Nacional de Distribuidores de Automóviles de Detroit anunció que ha perdido casi 700 distribuidores asociados en lo que va del año. En el 2007 fueron 430 y en el 2006, 295. La principal causa de esta situación es la crisis de créditos puesto que en situaciones normales, los distribuidores acuden por estos beneficios para realizar sus operaciones a los bancos o en su defecto, directamente a las compañías automotrices.

La recuperación de GM, Ford y Chrysler dependerá fuertemente de que los mercados de crédito se recompongan, aunque eso será a largo plazo. Mientras los potenciales compradores de autos no puedan acceder a fuentes de financiamiento y permanezcan temerosos de invertir dinero en efectivo en comprar un automóvil la demanda continuará su línea decreciente y en consecuencia, los precios experimentarán aumentos poco convenientes para las compañías mencionadas.

Con respecto a actores económicos alternos a los grandes movimientos comerciales de los imperios automotrices como los vendedores de autos usados, la crisis financiera también trae consecuencias negativas. Es el caso del director general de Glowa Auto Sales quien declara su preocupación ante la disminución del volumen de ventas de las principales fábricas. “Si ellos no venden sus autos nuevos, los usados tampoco serán puestos en venta tan seguido… no les parece?” dice Robert Glowa, quien se dedica a la venta de autos usados desde hace más de 40 años y está pensando seriamente en retirarse.

Como vemos, la crisis financiera de los EE.UU. configura un panorama de mucha incertidumbre y no hay una solución para el futuro inmediato. Mientras tanto, algunos fabricantes vienen colocando sus esperanzas en los prototipos de autos eléctricos que prioricen el ahorro de combustible.

Actualmente, más del 90% de las compras de vehículos están financiadas a través de créditos pero las dificultades actuales en el mercado de préstamos han terminado por reducir las ventas a uno de los niveles más bajos en los últimos 25 años en los EE.UU. Ante esta coyuntura económica, las compañías japonesas Toyota, Honda y Nissan están experimentando mejorías en cuanto a su llegada a los sectores del mercado más golpeados, debido a sus productos económicos.

Créditos:

Imagen 1: foto obtenida de Wikimedia commons, autor Rosario A.D (chayito77).

Imagen 2: colage del autor a partir de los logotipos oficiales de los tres grandes de la industria de autos.

Imagen 3: foto obtenida del sitio oficial de Vanguardia.com.mx.

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