Así han funcionado algunas de las últimas amnistías fiscales en Europa

Grecia prepara una regularización extraordinaria de capitales en el extranjero pero los precedentes comunitarios no son precisamente positivos en España, Portugal o Alemania.

amnistia

Hace dos semanas, el Gobierno griego se desmarcaba con una propuesta que ha sorprendido a propios y ajenos (especialmente, a los propios). Acuciado por las enormes dificultades financieras y por la mala gestión de las negociaciones con Bruselas, el Ejecutivo de Syriza ha optado por llevar a cabo su propia amnistía fiscal. Como ya adelantamos en este espacio, la mayoría de analistas no esperan que esta medida alcance los objetivos marcados por Alexis Tsipras y compañía. En cualquier caso, la iniciativa helena viene precedida por una catarata de propuestas similares emprendidas por otros países. Veamos sus resultados.

La primera amnistía fiscal a la que tenemos que hacer referencia es a la aprobada por el actual Gobierno del Partido Popular en España en 2012. En aquella ocasión, Hacienda fijó un pago del 10% de lo ocultado al fisco para poder regularizar la situación de esos capitales, lo que llevó al Ejecutivo español a calificar su medida de ‘regularización fiscal’. Uno de los flecos más polémicos de la amnistía era la exención de cualquier responsabilidad penal en los casos en los que se hubiera producido un fraude fiscal. Paralelamente, muchos de los amnistiados abonaron menos del 10% exigido.

Por si todo ello fuera poco, los resultados de la regularización no alcanzaron, ni lejanamente, las previsiones marcadas por Cristóbal Montoro (una máxima que, dicho sea de paso, se ha repetido en casi todas las amnistías fiscales del mundo). Con anterioridad a esta amnistía, la Administración de Felipe González aplicó otras dos en 1984 y 1991. En la primera de ellas no se aplicó penalización alguna a los declarantes, mientras que en la segunda se optó por ‘obligar’ a los amnistiados a adquirir letras del Tesoro a tipos inferiores a los exigidos al resto de compradores de deuda pública.

Sea como sea, la tentación de dar un pequeño respiro a las arcas públicas mediante una medida de gracia a quienes esconden dinero en el extranjero también se ha dado en los países más ‘disciplinados’. Alemania realizó una amnistía en 2005, aunque exigió un pago compensatorio bastante elevado (25%) que, probablemente, tuvo mucho que ver en el fiasco de la operación. El Gobierno alemán recaudó 1.200 millones de euros, cifra que parece importante pero que resultó irrisoria ante las previsiones gubernamentales (se esperaba recaudar entre 300.000 y 500.000 millones de euros). En 2002, Gerhard Schröder también aprobó una amnistía.

Volviendo al sur de Europa, Italia puede presumir de haber conseguido una de las mayores recaudaciones a cuenta de una amnistía de estas características. Entre 2001 y 2002, Silvio Berlusconi inició su segunda etapa como primer ministro con una regularización masiva de capitales en el extranjero. Para ser exactos, el paréntesis legal se saldó con 73.100 millones de euros aflorados. Con todo, la segunda amnistía berlusconiana permitió regularizar casi 95.000 millones de euros en 2009. El pago requerido fue de tan solo el 5%.

Reino Unido no ha tenido tan buenas experiencias cuando ha optado por las amnistías fiscales. En 2007, mientras Tony Blair cedía su residencia en Downing Street al hasta entonces jefe económico de su Gabinete, Gordon Brown, se aprobó una regularización de cuentas en el extranjero no declaradas. La medida vino motivada por la información que facilitaron distintos bancos al Ejecutivo británico y que insinuaba que podía haber cerca de medio millón de ciudadanos interesados en regularizar su patrimonio. Finalmente, solo 25.000 británicos secundaron la medida de los laboristas (afloraron 1.260 millones de euros).

En el extremo opuesto se situó Francia en 1986, cuando consiguió los mayores ingresos obtenidos nunca por un Estado europeo a consecuencia de una amnistía fiscal. El Gobierno de François Miterrand recibió bastantes críticas cuando decidió aplicar esta medida, pero todas ellas se disiparon cuando se conoció que Hacienda había ingresado 1.610 millones de euros, una cifra equivalente al 0,22% del PIB francés en aquel momento. Como contraste, en 2010 Portugal recaudó la pírrica cifra de 40 millones de euros en una amnistía orientada a los depósitos.

Como puede comprobarse, la historia reciente de las amnistías fiscales no es como para echar cohetes. Es más, se da la circunstancia de que cuando más cercanas en el tiempo son las regularizaciones peores son los resultados. Por otro lado, las previsiones que acompañan siempre al anuncio de la medida (como forma de justificarla) rara vez se acercan a la cifra final. Por todo lo anterior, la amnistía que prepara Atenas no cuenta con precedentes demasiado halagüeños.

Vía: elEconomista

Foto: geralt

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