Al Asad promete más mano dura para los opositores que protagonizan el terrorismo en Siria

Terrorismo y política. En esa delgada línea se sitúa el presidente sirio, Bachar al Asad para justificar las represiones incesantes que las autoridades del país están llevando a cabo desde hace meses contra los ciudadanos. Desde marzo de 2011, ya van más de 10.000 muertos. Ayer compareció ante el Parlamento y resaltó que Siria se enfrenta a una guerra total que nada tiene que ver con el proceso político actualmente en marcha en el país. «Separar entre el terrorismo y la política es un asunto importante para llegar a una solución de la crisis», explicó en tono beligerante.

Desde su punto de vista, Siria no afronta problema político sino un proyecto para la destrucción de la nación cuyo instrumento es el terrorismo. Frente a ello prometió mano dura y prometió perdonar a quienes se entreguen a las autoridades sin haber cometido delitos de sangre. Esta fórmula fue adoptada por el presidente cuando los grupos armados tomaron las calles y la violencia incrementó. El compromiso inicial entre el régimen y la oposición no fue suficiente para avanzar en la iniciativa del enviado especial de la ONU y la Liga Árabe, que estipula el fin de la violencia, la retirada militar, la liberación de los presos político y el comienzo de un diálogo político, entre otros puntos.

La comparecencia del presidente fue precedida por un minuto de silencio en honor a aquellos que dieron su vida por el país. Los parlamentarios recibieron sus palabras con ovaciones, todos ellos elegidos el pasado 7 de mayo en las primeras elecciones pluripartidistas que llevan celebrándose en Siria desde 1963 y que fueron boicoteadas por la oposición. Pero al Asad no parece dispuesto a contentar a la rebelión y continúa igual de firme en su intención de permanecer en el poder.

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