Adiós a un inversor de leyenda que vivió y superó el crac de 1929

Con 24 años, Irving Kahn se consagró como inversor cuando su cartera sorteó el hundimiento bursátil de Wall Street. Ha fallecido a los 109 años.

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Las hemerotecas de los medios con más años a sus espaldas poseen una enorme relación de noticias y fotografías referentes a aquel crítico mes de octubre de 1929. Mientras el sobredimensionado mercado bursátil estadounidense se desmoronaba, miles de inversores profesionales perdieron sus puestos de trabajo y no pocos de ellos ofrecieron la que quizá sea la imagen más representativa de aquellos momentos, saltando al vacío desde los rascacielos de Nueva York. Si uno se fija bien en las fotos, puede encontrarse con un joven trader permanentemente tranquilo.

Se trata de Irving Kahn, alumno aventajado del histórico Benjamin Graham, uno de los máximos teóricos de la inversión en valores (el ‘value investing’). Con apenas 24 años, Kahn lleva solo un año en Wall Street cuando se produjeron el jueves y el martes negros y la bolsa se hundió estrepitosamente. Con una visión fuera de lo común, el joven gestor había cambiado sus posiciones en determinados valores y ello le permitió realizar un notable negocio cuando los títulos se desplomaron. Al colocarse corto, rentabilizó al máximo la lenta recuperación.

Con su nombre sonando con fuerza por su buen hacer durante la década de 1930, Kahn tenía una estrategia de inversión que podía parecer arriesgada. Su cartera confería un peso muy grande a unos pocos valores. Valores que, eso sí, presentaban una solidez incuestionable a ojos del gurú neoyorquino, cuyo horizonte inversor no superaba los tres o cinco años. Las cuentas y los balances de resultados eran verdaderas biblias para Kahn, que no se dejaba influir por rumores o apuestas corporativas agresivas.

Lógicamente, a ojos de un lector contemporáneo que no esté muy versado en la historia de la inversión bursátil lo que más llama la atención de la biografía de Kahn es que nació en 1905 y falleció el pasado 26 de febrero. Cuando contaba con 104 años, el inversor, que seguía acudiendo a su despacho casi todas las mañanas, protagonizó un estudio sobre la influencia de los genes en la longevidad. Pocas semanas antes de su fallecimiento seguía buscando oportunidades de inversión.

Vía: Libre Mercado

Foto: Nemo

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